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La revolucion de lo ‘micro’
Lo que empezó en una pequeña casa en la ciudadela Miraflores se ha esparcido por toda la ciudad.

Lo que empezó en una pequeña casa en la ciudadela Miraflores se ha esparcido por toda la ciudad.
Y es que el microteatro, que nació en España durante la crisis económica, llegó a Guayaquil para quedarse.
El formato teatral, que se basa en piezas breves de quince a veinte minutos y que se presenta ante audiencias reducidas, ha cautivado a personas de todas las edades.
Hoy por hoy, la ciudad tiene tres salas oficiales dedicadas a su consumo; Microteatro de Guayaquil, el primero en abrir sus puertas, Casa Teatro, del grupo Proescena, y Pop Up, ubicada en Urdesa.
Sin embargo, la acogida de este formato ha sido tal que ha tenido cabida también en centros comerciales, como el Village Plaza, que recientemente dedicó un ciclo los fines de semana a sus obras, y el hotel Courtyard Marriott, donde estas se presentan los sábados y domingos por la noche.
A estos puntos se sumaron recientemente el HM Hotel, en Kennedy Norte, donde las obras se empezarán a exhibir a partir del 20 de enero, y el centro comercial La Rotonda, donde iniciaron el domingo y continúan esta semana.
Pero, ¿a qué se debe este fenómeno?
Para el dramaturgo Jaime Tamariz, quien fue el que importó el concepto a la ciudad, el atractivo está, a más del costo, que es de $ 5 por obra, en la informalidad de los espacios en los que las piezas se presentan.
“Las piezas breves siempre han existido, casi todos los autores famoso las han escrito. La innovación está en la forma de producción y programación... Este tipo de formatos ofrece varias alternativas y un ambiente entretenido que vuelve más atractiva la programación para el público”.
Con él coincide Ricardo Velasteguí, actor, dramaturgo y fundador de Pop Up, quien indica que este concepto ha sido un ‘enganche’ para traer nuevos público a las artes escénicas de una forma ágil y práctica.
“Hay gente que la primera obra de teatro que ha visto es microteatro, y de ahí queda encantado y abre su perspectiva a otras propuestas teatrales”.
Para el dramaturgo y docente Virgilio Valero, no obstante, el formato puede ser un arma de doble filo.
“El microteatro ha producido un impacto. Es un estilo que se aleja de la formalidad y que se asocia con el entretenimiento. Ha logrado atraer a nuevas audiencias, y eso hay que celebrarlo, pero también se corre el riesgo de que este estilo sea lo que estas audiencias exclusivamente consideren teatro y les cueste asistir a trabajos de mayor duración o que involucren otros sentidos”, señaló.
Esta es una preocupación que comparte la docente y actriz María Jaramillo.
“El que se fomenten nuevos públicos es algo excelente para la ciudad, pero también corremos el riesgo de que esta moda se perpetúe. Hay que fomentar también las obras extensas, los dramas si lo que queremos es cultivar verdaderos amantes de las artes escénicas”.
Las salas independientes también crecen
El Teatro Martenot, de la escuela de arte y sonido Paradox, fue el más reciente en unirse al creciente número de salas independientes que se popularizan en el Puerto Principal. (Lea la nota de SEMANA).
Para Alejandra Paredes, directora del espacio, la acogida de estos sitios dedicados a las artes escénicas responde a un interés por el teatro que se ha venido desarrollando en los últimos dos años.
“El auge teatral en Guayaquil está en ebullición. Cada vez hay más gente que busca consumir teatro antes que otras formas de entretenimiento”, comentó.
La sala ofrece obras de larga duración al igual que conciertos. Su temporada inicia el sábado con una obra para niños.
“Queremos desarrollar un público frecuente y dar cabida a artistas locales y de otras provincias”.
Así mismo, entre los espacios recientes que se han hecho un nicho dentro de la ciudad, está El Altillo, cuyo uso multifacético da cabida a música, magia, teatro y microteatro.