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Revolucion Islamica: 40 anos

La República Islámica de Irán cumple 40 años esta semana. Pero con el país asediado por una grave crisis económica, la pregunta que todos se hacen -dentro de Irán y entre la diáspora- es si la Revolución Islámica realmente mejoró la vida de los iraníes. Desde que Estados Unidos se retiró del Plan de Acción Integral Conjunto -acuerdo sobre el programa nuclear iraní- de 2015 y reimpuso las más duras sanciones a Irán, la economía persa se hundió. La moneda se devaluó 70 % y el ritmo al que los precios aumentan es del 40% anual, lo que tensiona todavía más una economía ya deficiente, en la que uno de cada tres jóvenes con educación universitaria está desempleado. El gobierno del presidente estadounidense Donald Trump parece confiar en que -con una ayudita de las sanciones- la población iraní se alzará contra la República Islámica. Pero una mirada más atenta a los datos económicos de Irán contradice la idea de que la población iraní haya caído en la miseria después de 1979, y mucho menos que esté al borde de la revuelta. Al país también le fue bien tras la Revolución. Entre 1995 y 2011 -antes de las asfixiantes sanciones impuestas por Barack Obama-, el crecimiento promedio del PIB per cápita en Irán (en términos de paridad del poder adquisitivo) fue 8,7 %, vs. solo 2,9 % en Turquía. Los indicadores de bienestar individual muestran mejoras similares. Combinando ingreso per cápita, máximo nivel de educación alcanzado y expectativa de vida, el Informe de Desarrollo Humano 2018 sitúa a Irán en el 60º lugar entre 189 países, por delante de Turquía (64), México (74) y Brasil (79). Además, los datos estadísticos muestran una mejora uniforme en el acceso de los iraníes a servicios básicos y comodidades domésticas. La comparación resulta todavía más favorable si se tiene en cuenta la disminución de los ingresos petroleros de Irán, sostén del nivel de vida en los setenta. Gracias a precios históricamente altos en los cinco años que precedieron a la Revolución (1974-1979), esos ingresos alcanzaron la cifra inédita de 1,03 billones de dólares (a valores de 2018), o sea unos $ 5.000 anuales por persona. Tras la Revolución, el ingreso petrolero del quinquenio más lucrativo (2007-2011) solo llegó a 0,6 billones de dólares, o sea $ 1.365 anuales por persona (esto también se debe a que la población aumentó a más del doble después de 1979). Pese a esta disminución, la República Islámica hizo grandes avances hacia el cumplimiento de algunas de sus principales promesas. La dirigencia iraní hizo inversiones en infraestructura que mejoraron el acceso de las áreas rurales al agua de red, a la salud y a la educación. Eso llevó a una reducción sustancial de la pobreza, desde más del 20 % a principios de los setenta a menos del 10% en 2014. Pero como ocurre en la mayoría de regímenes revolucionarios, los avances de la República Islámica obedecen más a la intervención pública directa. Esto explica la falta de empleos suficientes. Aunque el nivel de vida del iraní medio es cuantitativamente mejor bajo la República Islámica que en tiempos del sha, eso no compensa el alto desempleo, ni mucho menos las restricciones sociales impuestas desde 1979. Sin embargo, el objetivo de cambio de régimen endógeno que se ha fijado el gobierno de Trump parece remoto.