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Responsabilidad
El éxodo de venezolanos, que ha generado una de las más grandes crisis migratorias en América, abarca algunos hechos ocurridos en el tiempo y tiene un poco más de responsables, adicionales a Nicolás Maduro.
En junio del año pasado, el encuentro organizado por la OEA para analizar la crisis en Venezuela no logró alcanzar los acuerdos para, por lo menos, realizar una declaración condenando los hechos que ocurrían en ese momento. Las propuestas fueron dos. La primera de ellas, dirigida a solicitar un calendario electoral, el cese de la Asamblea Constituyente (dos temas que al día de hoy no tienen actualidad) y la liberación de presos políticos. La otra propuesta apoyaba a Venezuela y era promovida por los países caribeños. Sin un consenso, no hubo ni siquiera resolución. Hoy, la OEA se ve avocada a convocar a una sesión extraordinaria para el próximo miércoles ante la gravedad de la crisis humanitaria que enfrenta nuestro continente.
Es verdad que la migración de Venezuela tiene a Maduro a la cabeza, pero tiene también el nombre de cancilleres y presidentes, especialmente latinoamericanos, quienes apoyaron una absurda ideología mal llamada de izquierda, un régimen que avanzaba en el desconocimiento de los derechos humanos. Junto a esos representantes de nuestro continente estaban otros indiferentes, que miraban para otro lado ante la incómoda situación que observaban crecer ante sus ojos.
Esta diáspora pone en entredicho también a los órganos internacionales y su rol en el mundo, especialmente a aquellos que dicen proteger la democracia y al pueblo. Me pregunto: ¿dónde estaban la Unasur, la ALBA y todo organismo regional, ante la notoria crisis que avanzaba a pasos agigantados?
Hace ya casi un mes, cuando quizás el temor de que el nuevo gobierno colombiano pudiera tomar la decisión de cerrar el paso por su territorio, miles de venezolanos se apresuraron a emigrar de su país, evidenciando lo que silenciosamente pasó ante los ojos de Latinoamérica durante los últimos años, situación de la cual muchos fueron silentes cómplices.