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Repudiable agresion
Vivimos un ambiente de totalitarismo ideológico y político. El estilo de gobierno es intolerante, sectario y de no aceptación de las reglas democráticas. Así se ha creado un contexto para vulnerar los derechos sociales e irrespeto de las libertades ciudadanas. En estas condiciones pueden surgir grupos de fanáticos que insultan y agreden a quienes piensan lo contrario.
Esto se ha generado en el país del buen vivir de la corrupción. Por eso no llama la atención que un prestigioso historiador e intelectual, Enrique Ayala Mora, verdadero socialista y demócrata, haya sido agredido con violencia fanática. Quienes lo hicieron creen que con esto acallarán su palabra y posición crítica.
Dogmáticos y sectarios de precariedad mental no comprenden el sentido íntimo de la democracia. Por eso, sin argumentos, agreden. Así fue como procedió Hitler vejando, persiguiendo, apresando y atemorizando a intelectuales, pensadores y críticos del régimen nazi. La agresión contra Ayala tiene olor y sabor del totalitarismo histérico.
No es un hecho casual. Debemos comprenderlo en el tiempo y proceso de continua violencia, intolerancia, agresión y ofensas verbales emitidas desde las esferas del poder. Se los alimenta e impulsa contra quienes discrepan con el particular estilo y visión política de la RC.
Solo hay que remitirse a diferentes hechos y acciones de las continuas invitaciones a que partidarios del socialismo del siglo XXI y del buen vivir de los noveleros de la RC, hagan un “mal vivir” a los demócratas que discrepan con el “Señor del Gran Poder”.
Los agresores de Ayala desconocen que amenazas, garroteros, golpes y matones no atemorizan ni pueden disminuir la integridad moral, altura intelectual, ética y política del prestigioso historiador, graduado con honores en Oxford.
Estimado Enrique, mi solidaridad de historiador y demócrata, que tiene el honor de tener 35 años de entrañable y fraterna amistad. Los verdaderos culpables e instigadores no serán apresados pero la ciudadanía los identifica y sabe quiénes son. El garrote no podrá callarte, estimado Enrique, eso lo sabemos quienes conocemos tu integridad intelectual y política.
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