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Renunciar: lo unico que cabia
Los funcionarios públicos deben pensar antes de hablar, en lugar de hablar para luego pensar. El asesinato de dos chicas argentinas en Montañita es un asunto que debe quedar judicialmente esclarecido, porque de por medio están la seguridad jurídica, el prestigio de nuestra función judicial -analizada ahora por la opinión publica de todo el mundo- y porque por interés nacional no debe calificarse a esa zona del país como una zona de perversión.
Por todos estos aspectos es muy lamentable que la ex-subsecretaria de Turismo del Ecuador, quien se encontraba en Alemania en cumplimiento de funciones inherentes a su cargo, expresó a la prensa extranjera que este lamentable acontecimiento se debió a que las argentinas viajaban como mochileras, para de inmediato decir: “Yo lo que digo, soy mamá. A estas chicas seguro que les iba a pasar eso en cualquier lado, porque de ahí se iban a ir jalando dedo hasta Argentina. Les iba a pasar algo, tarde o temprano. Pero bueno, desafortunadamente fue ahí”. Estas expresiones la obligaron a renunciar a su cargo, que era lo único que cabía, porque lo que hizo fue criticar a estas chicas por ser mujeres, y que por eso encontrarían la muerte en cualquier momento y en cualquier lado. Estas frases se enunciaron en el Día Universal de la Mujer. Estas desgraciadas expresiones así pronunciadas, lo que han hecho es estigmatizar a las dos chicas lamentablemente fallecidas. Nadie sabe hasta este momento con exactitud por qué murieron. Y hasta tanto no se sepa verdaderamente las causas de su muerte, y quiénes fueron sus autores, debe rechazarse cualquier expresión proferida en contra de estas criaturas. Pues de tratarse de algún crimen, de los tantos que se ven ahora con asombro, lo mismo pudo haberle sucedido a hombres.
Lo acontecido con la exsubsecretaria de Turismo debe servir de ejemplo para que los funcionarios públicos eviten “meter la pata” como ella, porque resulta que a consecuencia de esa actitud incalificable tienen siempre que cantar lo que dice el tango argentino: “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”.
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