Receta de Trump para Medio Oriente
La decisión del presidente estadounidense Donald Trump de retirar a EE. UU. del acuerdo sobre el programa nuclear iraní y adoptar una política de nuevas sanciones y confrontación aumenta la incertidumbre sobre el futuro de Medio Oriente. No hay ningún incumplimiento del acuerdo por parte de Irán que justifique la decisión de Trump, que parece decidido a llegar al borde de una guerra (o incluso traspasarlo), y si tiene algún plan para mantener controlado el programa nuclear iraní sin el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), entonces lo guarda en secreto. Y no se descarta el lanzamiento de ataques aéreos contra las instalaciones nucleares de Irán. Pero un bombardeo solo demoraría el programa nuclear iraní, no lo detendría. ¿Será que Trump analiza una guerra terrestre a gran escala para ocupar el país y derribar al régimen? Sabemos demasiado bien cómo funcionó esa estrategia la última vez que se probó. El PAIC que Irán firmó con EE. UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania y la Unión Europea, buscaba prevenir una carrera armamentista nuclear en la región o una confrontación militar, y debía ser el primer paso hacia la creación de un nuevo orden regional más estable que incluiría a Irán. Pero los actores más importantes (Israel, Irán, Arabia Saudita y Turquía) se han puesto a competir por la influencia en la guerra en Siria, yendo hacia un vano conflicto por el dominio de la región. Como ningún país es suficientemente fuerte para eliminar o someter a los otros, esto solo puede traer años (o décadas) de guerra. La inestabilidad de la región puede atribuirse directamente a la invasión y ocupación estadounidense de Irak en 2003. El derrocamiento del régimen de Sadam Huseín dio a Irán una repentina oportunidad para buscar una cuasihegemonía, comenzando por su vecino mayoritariamente shiita. Y tras una serie de errores de Occidente en Siria, Irán consiguió establecer una presencia que se extiende sin obstáculos hasta el Mediterráneo. En este contexto se negoció el PAIC, con la idea de reintegrar a Irán al orden internacional y así alentarlo a desempeñar un papel regional más responsable. Tras abandonar el marco que buscaba influir en Irán por medios diplomáticos y económicos, ahora la única alternativa para la administración Trump es el cambio de régimen. Es probable que el PAIC no sobreviva a la reanudación de las sanciones estadounidenses. Las empresas europeas no van a renunciar al voluminoso mercado de EE. UU. para mantener lazos con Irán. Y en cuanto este pierda el salvavidas económico de Europa y otras partes del mundo, tal vez decida reiniciar el programa nuclear, o retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear, lo que aumentaría el riesgo de una guerra. Además, Rusia y EE. UU. están debilitando aun más la no proliferación al modernizar sus arsenales nucleares. Ante una conducta semejante, la perspectiva de otra guerra importante en Medio Oriente se torna más aterradora. Nada de esto es buen presagio para Europa, a la que una escalada de tensiones en la región afectará directamente, por su cercanía geográfica y sus obligaciones históricas hacia Israel. En tal caso, la UE tendría que alentar la búsqueda de una solución negociada para las intenciones hegemónicas de los actores regionales y el control de armas nucleares y convencionales. Por ahora debe insistir en la idea de un reordenamiento pacífico de Medio Oriente, sin importar cuán difícil parezca en lo inmediato. Solo la reconciliación y la cooperación pueden garantizar un orden regional pacífico. La alternativa de Trump (la hegemonía) equivale al caos.