Actualidad
El queso equivocado
¿Para qué abre uno el periódico? Fácil: la prensa informa, opina y entretiene. Así, las geniales ocurrencias de caricaturistas como Joseph o Bonil se ven en el diario y -debido al auge de las redes sociales- también pueden ser “comunicadas” por estas. Pero como ven, es irrelevante el medio por el cual se “comunican”, que es posterior a la fase creativa. Lo trascendente es que no se le quite a Bonil su lápiz, para que -en ejercicio de su libertad de expresión- pueda dibujar lo que le venga en gana. La forma en que “comunica” sus viñetas es también producto de dicha libertad, pero es una etapa posterior. Claro, Correa nos convirtió en ratoncillos de laboratorio, con los cuales hizo sus arbitrarios experimentos y nos puso a cuidar el queso equivocado: el derecho de “comunicación”, en el que arbitrariamente (como en todo) metió al Estado por las tranqueras y ahora tenemos a las autoridades de Gobierno ejerciendo “derechos de comunicación” (como el derecho de réplica) cuando el Gobierno -como su nombre lo indica- ejerce el poder de gobierno y no derecho alguno. Por eso Constituciones como la de EE. UU. garantizan la libertad de prensa y de expresión, no el derecho de “comunicación”. Y lo realmente interesante es la forma en que se hace: la primera enmienda dice que “el Congreso no podrá hacer ley alguna, que de cualquier forma restrinja la libertad de prensa o de expresión”. Se trata de un derecho tan delicado que no admite restricciones previas, sino responsabilidad ulterior. Es que... cuando el miedo acalla la voz, esta se transforma en un leve susurro. Por eso los países no tienen leyes de “comunicación” sino de “telecomunicaciones”, que constituyen el verdadero servicio público. Fíjense lo que dice la española: “La ley excluye expresamente de su regulación los contenidos difundidos a través de servicios de comunicación audiovisual, que constituyen parte del régimen de los medios de comunicación social”. ¡Bingo! Pero los tontos ratoncillos seguimos en la trampa que nos puso el roedor belga y vamos a “reformar” la ley de comunicación en lugar de derogarla. ¡Somos lo máximo! Réquiem por la libertad de expresión, Lenín.