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La proxima ola migratoria

Imagínese que es un campesino y sus cultivos languidecen por los patrones climáticos cada vez más volátiles, el agua de su pozo se ha vuelto demasiado salada como para poder beberse y el arroz se ha vuelto excesivamente caro en el mercado. Así que deja su hogar en busca de una vida mejor. Millones de personas en comunidades vulnerables de todo el mundo no tienen que imaginarse un escenario así: lo están viviendo por un clima cada vez más impredecible. Y es probable que las cifras crezcan. Pero el mundo está incluso menos preparado para estos futuros migrantes climáticos que Europa para la reciente ola de personas que huyen del Cercano Oriente y África del Norte. La mayoría de los migrantes climáticos se reubicarán dentro de las fronteras de sus países, pero otros no tendrán más opción que buscar refugio en el exterior. Si los niveles del mar crecen más de un metro, puede que tengan que reubicarse poblaciones enteras de los países de las islas de los arrecifes y los atolones del Pacífico. Si se planifican y gestionan bien, las migraciones pueden ayudar a que la gente se adapte a esas amenazas; si no, pueden originar crisis humanitarias. Estos drásticos escenarios podrían no materializarse si el mundo logra mitigar el cambio climático, pero ningún país debería ser complaciente al respecto. Será necesario contar con información más completa para hacer preparativos para cualquier escenario futuro en Asia y juzgar el potencial impacto y los tiempos de los acontecimientos relacionados con el clima, así como evaluar sus efectos sobre los patrones migratorios. Los datos específicos de los países permitirían que los gobiernos individuales perfeccionen sus políticas, incluyendo censos nacionales más exhaustivos, pues a menudo estos no consideran a las comunidades marginadas. Los gobiernos deberían educar a sus ciudadanos sobre los efectos del cambio climático para preparar a quienes desean seguir en sus países o no se pueden permitir dejarlos. Los países de origen de los migrantes deberían contar con completos sistemas de evaluación de riesgos de desastres, mapas globales de peligros y sistemas de aviso temprano ante desastres que tranquilicen a sus ciudadanos. Y las nuevas edificaciones, caminos, puentes y demás infraestructura, como sistemas de aguas, se deberían construir para resistir condiciones climáticas extremas. Al mismo tiempo, los gobiernos deberían dar acceso a beneficios portátiles a quienes se van, para que puedan sostenerse mientras están en el exterior. Y los países de destino deberían pensar en proporcionar empleo de emergencia a los trabajadores desplazados. Asimismo, los países de destino podrían crear centros de formación y empleo urbano para migrantes, muchos de los cuales carecerán de habilidades necesarias para obtener empleos, y deberían reconocer las cualificaciones de quienes posean conocimientos, ayudándolos a encontrar trabajo. También deberían invertir en infraestructura sostenible y servicios básicos para quienes lleguen y dirigir a los migrantes desde áreas rurales vulnerables a ciudades de tamaño medio, cercanas y equipadas con los servicios necesarios para absorberlos; a su vez, esto evitará que las megaciudades crezcan de manera insostenible. Un enfoque integral que siga estas líneas podría ayudar a que la migración sea parte de la solución al cambio climático y no otro de sus efectos dañinos. Necesitamos un debate climático global sobre este apremiante tema. Debemos actuar hoy para dar a las comunidades vulnerables una palabra en la determinación de su futuro.
Project Syndicate