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El premio al final del esfuerzo
Los ‘abuelitos’ cuentan, por ley, con beneficios y exoneraciones. Algunos mejoran su calidad de vida y otros se cumplen a medias.

Cuando Yolanda Jijón, de 79 años, se jubiló, no creyó que su vida mejoraría. Llevaba más de 30 años ejerciendo la docencia, levantándose temprano para cumplir un horario y haciendo lo que le apasionaba. Creyó que llegar a la tercera edad la convertiría en una mujer “aburrida y excluida”.
El sábado anterior, Yolanda salió con su hermano Hernán, de 83 años, y dos sobrinos a pasear al Malecón 2000 y se subió a la noria. “Tenía que hacerlo”, dijo. Y lo hizo, no solo porque le gusta tomar riesgos, sino porque quiso aprovechar el descuento que le dieron por ser una adulta mayor.
“Me siento muy bien con mi edad, porque tengo privilegios como descuentos en los viajes, incluso en los aéreos; y también en varios sitios y eventos donde acudo. Además, tengo más tiempo para pasear”, contó sonriente.
En ese mismo punto estuvo Francisco Rivas, de 75 años, junto a su esposa Sosina Jiménez, de 65, quienes también aprovecharon el boleto a $ 1,49, que solo se les da a quienes tiene mínimo 65 años. Ese valor es la mitad del costo regular del tique.
En Ecuador, según los datos del censo de 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Censos, hay al menos 1’264.423 adultos mayores (personas de más de 65 años).
La Ley Orgánica de las Personas Adultas Mayores, publicada oficialmente el pasado 9 de mayo, que derogó a la Ley del Anciano, recoge los derechos de este grupo de la población, inscritos en otros reglamentos como la Constitución y las leyes de Servicios Públicos, Seguridad Social, Salud y Código Civil. Esta nueva norma tiene 90 artículos, y de esos, varios son beneficios y exoneraciones. Algunos se cumplen a cabalidad, mejorando la vida de los ‘abuelitos’ como Yolanda; pero otros se cumplen a medias, complicando su situación.
El artículo 13, por ejemplo, los exonera del 50 % de la tarifa del transporte terrestre, marítimo, aéreo y fluvial; además del 50 % en entradas a espectáculos; También les brinda descuentos en paquetes turísticos. “Cuando fuimos a Galápagos con mi esposa nos hicieron el descuento. No lo esperábamos, no estábamos ni enterados. Ahora pensamos en viajar a otro sitio”, mencionó José Vera, jubilado de 70 años, mientras salía de la agencia de turismo Emela Tour.
El mismo apartado señala el descuento del 50 % en la tarifa básica de telefonía fija, de celular y de Internet, que resultan beneficiosos para personas como Eduardo Cherres, de 75 años. “En eso no tengo problemas, cada mes me hacen el descuento”.
Están exonerados también de pagos de impuestos fiscales y municipales si sus ingresos no pasan de 5 remuneraciones básicas unificadas o el patrimonio no esté valorado en más de 500 remuneraciones básicas. Además, tienen derecho a la devolución del impuesto al valor agregado.
“Yo solo pago $ 4 por el impuesto predial. Mis compañeros tampoco se quejan de no recibir este beneficio”, narra Jannet Avilés, de 67 años, presidenta del elenco Alegría, del programa de envejecimiento activo de los jubilados del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, donde asisten más de 300 personas.
El artículo 38 dice que no deben existir barreras físicas que impidan la libre movilidad del anciano, en toda obra pública y privada. Este Diario ya ha expuesto que ciudades como Guayaquil aún tienen rampas muy empinadas, escasez de las mismas y obstáculos a mitad de los pasos que contradicen el apartado. Sin embargo, es indiscutible que hay establecimientos que sí se acogen a esa ley. “Tenemos un menú bajo en azúcar y saludable, además de tener barandales en los baños para que se apoyen al caminar”, dice una trabajadora de Asia Coffee, restaurante situado entre las calles 9 de Octubre y Tulcán, centro de Guayaquil.
Las preferencias, por concienciación o competencia, se extienden a locales comerciales. El restaurante Caracol Azul, también situado en el centro de la ciudad, tiene precios especiales para los ancianos y les brinda gratuitamente una copa de vino tinto y un postre de cortesía.
Cerca de allí hay un teatrín en el Café El Altillo, que está dirigido a esta población. Ellos pagan la mitad de la entrada y del costo de piqueos y bebidas del bar. En los cines de los centros comerciales también acceden a la mitad de precio del boleto.
El artículo 39 indica la accesibilidad y uso preferencial en el transporte público y en centros privados. Este Diario efectuó un recorrido en los diferentes transportes y entidades. Las filas exclusivas para adultos mayores en los bancos y Metrovía son una muestra de aquello. “Tengo que cambiar un cheque y como soy de la tercera edad hago esta fila pequeña. Me parece perfecto que nos den esta preferencia”, contó España Quiñónez, cuando llegaba al Mall del Sur por una diligencia bancaria. “Lamentablemente, en otras partes como en los buses, la gente no se sensibiliza y no siempre nos ceden los asientos”, señala.
Es que algunos beneficios no se cumplen a cabalidad. Eso lo corrobora Julio César Romero, miembro de la Asociación de Jubilados del Guayas, donde están inscritos 4.000 socios. “Hace falta más cultura y conciencia en los buses con nosotros, quienes no solo somos ancianos, sino hemos aportado al desarrollo de la sociedad”, menciona.
Otros incisos del artículo 13 tampoco se respetan. Como la exoneración del 50 % del valor de consumo de energía, si este no es más de los 138 kilovatios por hora y del consumo de agua potable, si no pasa de 34 metros cúbicos. En las afueras de la empresa eléctrica, EXPRESO habló con 8 adultos mayores que eligió al azar, y a ninguno se le hacía este descuento. “No sé cómo acceder al descuento. Tengo 74 años y pago el total de la planilla”, se quejó Erasmo Alaya, aunque la misma ley precisa que los proveedores de estos servicios deben informar del beneficio. La Corporación Nacional de Electricidad no indicó cuántos ancianos son beneficiarios de esta exoneración.
En la empresa de agua potable, la situación es similar. “Solo me hacen un descuento de $ 3”, señala en la planilla la cifra María Ronquillo, de 78 años. Interagua, consorcio encargado de este servicio, indicó tener 47.774 exonerados.
Salud y pensión
Dos beneficios a medias
Dos de los grandes beneficios son los derechos a la salud y al bono. De ambos, los ‘abuelitos’, con los que conversó este medio, se quejan. De lo que respecta a salud, del total de la población anciana, 800.000 no cuentan con seguro social y por lo tanto no acceden a los beneficios médicos del IESS. Y quienes sí lo hacen, aseguran preferir una atención médica particular por la escasez de medicina y los meses de espera por una cita. En cuanto al bono por adultez ($ 50), el presidente Lenín Moreno ha mencionado que este es entregado a medio millón de ancianos en pobreza y extrema pobreza. Lo que significa que aún falta un gran grupo que se beneficie de esta pensión, ya que ocho de cada 10 ancianos son pobres.