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Pirotecnia y explosiones peligrosas

Diciembre es un mes festivo y de algarabía. Ritual de unidad familiar cuanto de jolgorio y alegría para todos, de pedidos y solidaridades. Momento de reencuentro y superación de divergencias. Pero también lo es de gran peligro, pues la indisciplina en el uso de la pirotecnia y las explosiones campean. Ya no están presentes “los viejos” del pasado, cuando familias y amigos barriales se reunían para hacerlos como representación del fin de año. De un tiempo acá, lo que más hay es ruido, pirotecnia y explosiones ensordecedoras.

En el fin de año el consumo de explosivos aumenta. En los últimos tiempos se ha intensificado y en la celebración ya no están solo los tradicionales chispeadores sino otros de mayor peligro: “cohetes chinos, camaretas, tumbacasas, diablillos, ratones, silbadores, tumbatorres, tumbapuertas, torpedos, cohetes, voladores, esferas explosivas”, etc., que se hacen con pólvora y otras sustancias que ponen en peligro las extremidades, e incluso la vida misma de quienes los manipulan.

Es curioso que aunque ya se han dado muchos hechos que prueban cuán riesgoso es el uso de estos elementos de pirotecnia, aun así los ciudadanos (adultos, jóvenes y niños) no comprenden lo peligroso que es esto. Lo grave es que todos tratan de que sus monigotes tengan el mayor número de explosivos.

Cada fin de año acuden a clínicas, hospitales y centros de salud quienes por descuido e irresponsabilidad son víctimas de explosiones. Parece imposible desplegar una campaña de prevención y cuidado sobre su uso, ya que en cada barrio y casa se empeñan en una competencia para ver qué monigote arde más y tiene el mayor número de explosivos. Esta costumbre es contaminante y destructora, y poco se hace para cambiarla por otra más civilizada y preservadora del medioambiente.

Los estudios dicen que en esos fines de año se dan inconscientes procesos de afectación de órganos auditivos. Ni se repara en el riesgo que tiene la generalización del fuego. Por eso transitar por las calles a las doce de la noche del 31 es como ir por zonas devastadas por bombardeos. Sería importante y positivo que las familias ecuatorianas estén conscientes de los efectos negativos de esta práctica que nada tiene que ver con la tradicional quema de años viejos, y mantengan a los niños alejados de esto.