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Diario Expreso Ecuador

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La perdida del asombro

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En sus recordadas clases sobre la filosofía antigua, Hernán Malo señalaba que el nacimiento de la filosofía en Grecia se debía a la capacidad de asombro de sus pensadores. Asombro o admiración de que las cosas fuesen así como son simplemente y no de otra manera. No la pregunta pragmática, “¿para qué sirve esta cosa”’; ni la técnica, “¿cómo puedo construirla?”, sino simplemente de su existencia como tal. El pensamiento de Platón que desplegó este asombro en diálogos sigue vigente todavía para tratar cuestiones tan actuales, en las que se empeña la ficción contemporánea al inventar mundos paralelos en los que nos perdemos y nos encontramos.

Los medievales se asombraban en cambio de la caducidad de las cosas, de su contingencia. El acontecimiento de la muerte no era el episodio último de un proceso inevitable sino la marca que sellaba la existencia humana. Este asombro reclamaba una explicación, un sentido. La imitación de Cristo, de Kempis, o la danza de la muerte que se realizaba en las aldeas no eran sino expresión de este mismo asombro por la fragilidad de la vida humana.

Enrique Rojas comentaba hace poco en su columna de El Universo sobre “la capacidad de asombro”, o lo que en mis términos llamo la pérdida del asombro que caracteriza a nuestra cultura actual, ecuatoriana, latinoamericana y hasta mundial. Rojas citaba el caso de la Sra. Kirchner en Argentina: después de los procesos de corrupción de su gobierno y del desastre en que dejó la economía argentina, su nombre vuelve a sonar como candidata a presidente de su país.

Una asambleísta propone con desparpajo que se regulen los precios de las maestrías para que todos puedan acceder a ellas. No importa que su exposición de motivos, fundamento de su propuesta, no resista el más mínimo análisis jurídico ni académico. No importa además que lo que en realidad se persigue sea conseguir una bandera para la lucha política. Tampoco que se perjudique gravemente la calidad de las maestrías.

La pérdida del asombro consagra el sofisma, la demagogia, además del olvido.

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