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Sin paz hay hambre
Son 17’096.360 millones de personas que vivimos en el Ecuador, así lo expresa el contador de la proyección poblacional del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) en una nota de prensa del año 2018; y del mismo organismo con relación al año 2017 aparece un registro de nacidos vivos de 330.000 personas al año en nuestro país.
Si mientras leemos lo que viene en este texto recordamos las cifras con las que he empezado a escribir, eso nos permitirá visualizar con mayor facilidad una realidad terrorífica: esto es que el año pasado fueron 113 millones de personas, en 53 países, las que padecieron hambre, especialmente en Yemen, República Democrática del Congo y Afganistán, según FAO. La violencia y conflictos bélicos siguen siendo la razón principal de esta realidad.
Cuando hablamos de derechos humanos, de justicia sin odios, cuando cuidamos el prestigio de nuestro país para que no sea ubicado en la lista de los Estados violadores de los derechos fundamentales, trabajamos por la paz y la vida. No son frases románticas, es una realidad expresada en números.
La violación a los derechos humanos afecta a la economía, al desarrollo humano y a la seguridad alimentaria de manera directa y más real de lo que creemos.
En América Latina, por ejemplo, más de 4 millones de personas pasaron hambre el año pasado: Haití con 2,3 millones de personas, y Nicaragua y 3 países más de América Central. En América del Sur -Colombia, Ecuador, Perú, como los países que reciben migrantes venezolanos por la crisis humanitaria, en la que viven casi medio millón-, tuvo problemas de inseguridad alimentaria.
¿La salida? Ayudar. ¿Cómo? “Poniendo fin a los conflictos; dar más poder a las mujeres, mejorar las estructuras rurales, y pedir a la comunidad internacional que invierta en la prevención de conflictos, y asegurar una paz sostenible¨, dicen expertos.
Si no tenemos una política pública sin odios y venganzas y unas reglas de convivencia que representen una paz sostenible, seremos culpables de nuestra propia pobreza.