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La paz para Colombia (III)

Los procesos de paz requieren de líderes que con valentía acepten el riesgo, de equipos profesionales que implementen la tarea y de un pueblo que asimile los costos y asuma una actitud reconciliadora con la madurez alcanzada por la intensidad del conflicto.
Los ejemplos del pasado nos dejan lecciones de las cuales debemos aprender, como la que nos dio la España del posfranquismo con los pactos suscritos en el Palacio de La Moncloa, cuando en un momento extremadamente crítico y en el que el regreso al pasado era la única alternativa, los comunistas, capitalistas, empresarios, sindicalistas y partidos políticos de todas las ideologías lograron acuerdos para salvar la democracia, acoplarse a los ritmos de la integración europea y lograr una convivencia que, a pesar de las diferencias y dificultades, persiste y permite navegar en tiempos tan difíciles como los actuales. Otro caso fue Chile, donde se lograron acuerdos para la estrategia del “no” contra la dictadura; la reunificación de las Alemanias, los procesos de reconciliación en Sudáfrica y el de paz con el Frente Farabundo Martí en El Salvador, así como la apertura de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.
Las soluciones actuales nunca serán iguales a las que pudieron ser ayer o hace 50 o 10 años, pero este hoy, que es el ahora, las convierte en imprescindibles, lo que me permite sostener que “los conceptos de justicia y derecho son inherentes a cada época y a cada civilización. Nacen de la necesidad de mantener una convivencia armónica y pacífica entre los habitantes de las sociedades organizadas en busca del bien común. No corresponde al mismo sentido de derecho o idea de justicia, cuando se efectúa un análisis con diferencia de enfoque en el tiempo, espacio y circunstancias” (RPB).
Hoy la historia nos privilegia al ser testigos del proceso de pacificación en la patria de Nariño, Santander y Giraldot, el que nos deja la lección de que las ideologías o formas de gobierno no se imponen por la fuerza ni autoritarismo. Es momento de repensar y redefinir las ideologías y gobiernos Latinoamericanos.
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