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Poder paralelo
Pareciera ser que está cayendo el telón en la obra cínico-teatral titulada Revolución ciudadana, dirigida por Rafael Correa, cuya trama estuvo llena de intrigas, abusos, corrupción, engaños de toda índole y pactos a todo nivel. Esta obra, cuyo epílogo está a cargo del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio, tiene como mensaje la recuperación de los principios éticos, morales, democráticos y de libertad, que en la denominada década robada fueron minados por el correato como estrategia para la demolición de la institucionalidad; para el posterior mensaje de los círculos de impunidad.
El desmontaje de ese andamiaje de corrupción e impunidad que se encuentra realizando el Consejo de Participación Ciudadana Transitorio, por mandato popular del 4 de febrero, y reforzado por el apoyo del gobierno del presidente Lenín Moreno, nos da la esperanza de que el cambio está en marcha y por tanto nos mantiene a la expectativa de su avance; pero no debemos olvidar que históricamente, los mayores complots y boicots a gobiernos constituidos han sido fraguados fuera de las fronteras, justamente por exmandatarios prófugos y/o autoexiliados, los cuales han constituido una suerte de poder paralelo para orquestar la “reconquista del poder” del otro lado de la frontera.
La historia ecuatoriana está llena de estos hechos; los expresidentes Flores, García Moreno y Alfaro son ejemplo de lo manifestado. En el Cabildo guayaquileño también lo vivimos en el denominado período del bucaramato.
Dicha realidad histórica no es ajena a la actualidad, más aún cuando pareciera ser que en el servicio exterior se ha montado una suerte de gabinete paralelo, integrado por todos los exfuncionarios afines y devotos a Correa, y en cuya estructura cortesana está el Macchiavello cibernético del nuevo orden mundial, el australiano-ecuatoriano Julian Assange, protegido de Correa, amo y señor de la embajada ecuatoriana en Londres y seguramente custodio temporal de los mayores secretos de Estado en la década robada. Pieza importante, sin lugar a dudas, en el tablero de ajedrez del poder paralelo.