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Diario Expreso Ecuador

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Palabras que se lleva el viento

Se acusaron de corruptos, de responsables de crisis, de malos candidatos, pero hoy se apoyan. De esos ataques durante la campaña, no han vuelto a hablar.

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El peor enemigo de un político es la hemeroteca. Allí, donde reposan los ataques que al calor de la campaña lanzaron desde los micrófonos y las grabadoras se evidencia la facilidad con la que sus palabras son arrastradas por los nuevos vientos electorales.

Aunque el mapa de apoyos para la segunda vuelta ya está claramente cerrado desde antes del arranque oficial, ninguno de los nuevos adherentes a las dos tendencias mayoritarias ha vuelto sobre sus palabras aún frescas contra Lenín Moreno (PAIS) o Guillermo Lasso (CREO-SUMA).

El apoyo se ha expresado en virtud de mayores objetivos, pero de ningún modo los hasta hace poco aspirantes a presidentes, a conducir los destinos de la nación, han aclarado si aquello que acaban de decir, unas semanas atrás, era impostado, era real, si ya no lo es, si cambiaron de idea.

Lasso, que ha captado la gran mayoría de apoyos desde la oposición al Gobierno de Rafael Correa (todos menos Iván Espinel, podría decirse), ve su candidatura aupada por quienes lo acusaron de participar en el feriado bancario, como ahora lo hace el oficialismo. Así lo hicieron Dalo Bucaram, en repetidas ocasiones, y Paco Moncayo en el que fuera su único ataque durante el primer debate presidencial de la primera vuelta. Están allí también los que lo acusaron de promover exactamente lo contrario a lo que ofrece, empleo, como lo hiciera el socialcristianismo en boca de Cynthia Viteri, quien el mismo día de la inscripción de su postulación lo llamó “candidato del desempleo”. Están allí quienes lo acusaron de “deshonestidad intelectual”.

Igual le sucede a Moreno, con menor intensidad, pues menores han sido también sus apoyos.

El joven Espinel, que lo bautizó como “el candidato ausente” cuando se rehusó a un encuentro cara a cara con el resto de postulantes para presentar las propuestas al país, posa junto a él en una foto con compromiso para continuar un modelo de Gobierno que el joven excandidato calificaba hace pocas semanas como “totalitario” y “corrupto” sin lugar a medias tintas. O el prefecto Jimmy Jairala, más cuidadoso con las palabras, aunque lejos del calor de la campaña, quien ha vuelto al seno de Alianza PAIS con un apoyo a Moreno que, asegura, no es un apoyo al partido de Gobierno al que dos meses atrás calificó de “intolerante” cuando los verdeflex lo acusaron de traidor.

Queda claro: la campaña todo lo aguanta.

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