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Oscurantismo siglo XXI
Cuando Charles Darwin publicó El origen del hombre en 1871, expresó su temor acerca de lo que sus teorías traerían a la gente de su época. Decía Darwin: “Me temo que la principal conclusión que se desprende de la lectura de este libro, a saber, que el hombre desciende de una forma orgánica de rango inferior, irritará grandemente a muchas personas”.
No fue sino hasta 1968 cuando el Tribunal Supremo de los Estados Unidos consideró que la enseñanza del creacionismo en las escuelas era contraria a la Constitución, por lo que las leyes de ciertos estados que prohibían la enseñanza del evolucionismo fueron derogadas.
La batalla ideológica que se libraba quedó reflejada en la película La herencia del viento (1960), que recreaba el juicio que en 1925 se siguió en el sureño estado de Tennessee contra un profesor de escuela por haber enseñado a sus alumnos la teoría de la evolución de las especies. El maestro había violado la ley estatal que impedía la enseñanza de dicha teoría y obligaba a que en el currículo escolar solo estuviera el creacionismo. Fue el enfrentamiento del fundamentalismo religioso contra la ciencia. Aún hoy en ese Estado, en pleno siglo XXI, un maestro puede enseñar el creacionismo a sus alumnos y dejar de lado el evolucionismo, si así lo dicta su conciencia.
El debate entre la ciencia, amparada en métodos validados y teorías demostrables, y la pseudociencia, que no usa el método científico y que utiliza argumentos que no pueden ser probados, ya que provienen de visiones dogmáticas, está más vivo que nunca. Temas como la ideología de género, el movimiento antivacunas, el negacionismo del Holocausto o del cambio climático, o peudociencias como la astrología y la programación neurolingüística, no tienen ningún sustento científico ni están validados por una comunidad académica. La histórica y difícil búsqueda de la verdad continúa y el debate entre dogma y razón científica sigue vigente. Como concluía Darwin: “Lo que ahora importa no son las esperanzas ni los temores, sino solamente la verdad, en la medida en que nuestra razón nos permita desvelarla”.