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La nausea
Le presto el título a Jean Paul Sartre. Dicen los críticos literarios que esa, su famosa novela, pudo llamarse La melancolía. En el presente cañonazo no se trata de bilis negra, que es el significado literal, no es que mi temperamento lo sienta sometido a negros nubarrones. Nunca me han preocupado las tormentas. Precisamente creo que sirven para probar y templar el temperamento. Más bien es una náusea por nostalgia, entendido como dolor de nosotros mismos. Apena ver un país, en pleno proceso de seguir caminando hacia lo mismo, intentando mirar hacia otro lado para hacer como que no ve lo grave de lo que está sucediendo. Pareciera que se necesita que la situación afecte directamente a cada uno de nosotros para que todos juntos intentemos frenarla y cambiarla. Mientras tanto la impresión que duele es que nos juguemos a los resultados de la primera vuelta como en una especie de ruleta rusa.
¡Que hay riesgo de fraude! Sí, pero lo vamos a controlar. Todo está en llegar a la segunda vuelta. Nunca he visto una campaña en donde la ilusión mayor es quedar segundo. Mientras tanto, desde las altas esferas se esparce corrupción con ventilador. (Cualquier rato proponen cambiar el cóndor del escudo por un gallinazo. Un ave de rapiña más propiamente tal, nos representaría mejor que la magnífica ave andina que, al menos vuela alto pero no es un pájaro de alto vuelo.) Piensan que si todos son corruptos entonces ya no llama la atención la corrupción de los otros. Además, por qué sentirse conmovidos si, lo dicen los expertos, “siempre ha sido así”. Por eso mandan a pintar las paredes de la casa de Enrique Ayala Mora con letreros que lo quieren meter en el mismo saco: “Ayala corrupto”. La mejor defensa de los corruptos no es probar la rectitud de sus procedimientos. No pueden hacerlo. Por eso recurren a la pequeña argucia de pretender involucrar en ese comportamiento a quienes más se pueda. ¡Y cuidado! Cuando los malhechores son descubiertos, como en el caso de Ayala, entonces no tienen tapujos en agredirlo. Después inventarán cualquier mentira. Como siempre, se negarán las razones reales.
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