La paz es el único camino para los excombatientes de América Latina

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La paz es el único camino para los excombatientes de América Latina

Exguerrilleros de las FARC llegaron a Tierra Grata y su objetivo es dejar las armas. Proponen trabajar en proyectos comunitarios.

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El excomandante de las FARC Rodrigo Granda (c) participa de una reunión en Tierra Grata, en el departamento de Cesar (Colombia). / Juan Diego Lópezefe

La consecución de la paz es un camino pedregoso, pero debe recorrerse, aseguran desmovilizados de las FARC que se reunieron en Colombia con excombatientes de El Salvador, Guatemala e Indonesia para compartir sus experiencias en la reincorporación y mostrar sus avances en ese sentido.

“Todo Gobierno debe apostarle a la paz” comenta Juan Javier Martínez, licenciado en ciencias políticas y excombatiente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), de El Salvador, mientras camina por senderos de tierra bermeja observando las casas de techos rojos que construyen los exguerrilleros de las FARC en el caserío Tierra Grata, en el departamento del Cesar (Noreste).

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Los desmovilizados llegaron a este punto del Caribe colombiano en 2016 luego de la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y esa guerrilla.

“Lo que damos es un testimonio, no son recetas, lo importante en todo es decir: esto nos pasó a nosotros (...) para que no se repita porque lo bueno ahí va a estar, pero las cosas en donde hemos tenido problemas es lo que nos interesa que se conozcan para que no se repitan”, subraya Martínez.

El encuentro fue posible gracias a la gestión de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Embajada de Noruega y el Consejo Nacional de Reincorporación.

En Tierra Grata viven actualmente 612 personas, entre hombres, mujeres y niños, cifra muy superior a las 182 que llegaron hace 6 años cargando sus pocos enseres, pero animados por el anhelo de conseguir la paz. “Lo que veo es muy bonito, es el camino que se debe seguir para avanzar en la implementación de la paz”, asegura Rosalina Tuyuc, indígena dirigente de la Comisión Nacional de Viudas de Guatemala (Conavigua).

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Tuyuc es una de líder del pueblo maya kaqchikel que fue diputada al Congreso entre 1996 y 2000 por el partido Frente Democrático Nueva Guatemala y ha sido galardonada por su labor en busca de la paz y el bienestar de la población indígena.

“Si bien se ha avanzado también es necesario decir que todavía falta mucho especialmente en educación” en donde, según dice, se debe enfatizar en “darle más enfoque en la pertinencia étnico-cultural”.

Y subraya que para los indígenas de América Latina ha sido difícil avanzar porque “faltan proyectos que den buen vivir, que haya salud, educación, aspectos que se deben ir fomentando”.

Desde que los exguerrilleros de las FARC llegaron a Tierra Grata se trazaron la meta de “jugarse enteros por dejar las armas”. Apoyados por la comunidad internacional y en menor medida por los gobiernos locales han podido llevar a su zona agua, luz y alcantarillado.

“El alcantarillado es pequeño, no es lo ideal y esperamos que con el tiempo se pueda modernizar. Igual pasa con las vías”, relata Miguel Martínez, quien estuvo en las filas de las FARC durante 19 años y hoy estudia Administración Pública y gestiona un taller de ornamentación.

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Compañeros suyos tienen pequeños proyectos productivos en los que crían gallinas, cerdos y siembran hortalizas “todo para el consumo familiar, pero si se suman esos esfuerzos se logra tener un nivel de producción que nos permitirá más adelante llevar nuestros productos a mercados cercanos”, afirma.

Para Martínez es fundamental que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, acelere la implementación del acuerdo para seguir “remándole a la paz, pese a los tropiezos que han existido”. En esa dirección también se manifiesta Julieth Mejía, quien militó 16 años en las FARC y ahora es la encargada de la guardería infantil en donde atienden a 50 niños, todos hijos de excombatientes.

Mejía aspira a que en el futuro haya un colegio al que puedan asistir tanto los hijos de la guerra como de la paz.