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Por el Estrecho de Ormuz pasa el 20 % del petróleo mundial.EFE

¿Qué hace al Estrecho de Ormuz tan importante?

#Análisis | Hoy, el lugar donde el mundo juega su destino es, sin lugar a dudas, el estrecho de Ormuz

En Ecuador tendemos a decir “eso es allá” cuando intentamos dimensionar un conflicto lejano geográficamente. Pero son esos “allá” los que nos golpean con fuerza cuando la situación se complica. Es entonces cuando entendemos que la geografía no nos protege de las consecuencias de este mundo en transición: un mundo que sigue erguido, pero que tiene un pie en una era y el otro en la siguiente.

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Hoy, el lugar donde el mundo juega su destino económico, político y social es, sin lugar a dudas, el estrecho de Ormuz. Y vale la pena entender —o al menos intentar comprender— qué es, dónde está y por qué el mundo se ha volcado a revertir el bloqueo iraní, en una guerra que pasó de ser quirúrgica a parecerse más a una trampa de larga duración.

Ormuz no es simplemente un paso marítimo entre Irán y Omán. Es una de las arterias principales del sistema económico global. Por ese corredor —apenas unas decenas de kilómetros en su punto más angosto— transita cerca del 20% del petróleo mundial y una porción significativa del gas natural. Es la salida obligada de los grandes productores del Golfo hacia los mercados que sostienen la economía del planeta.

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Pero reducir Ormuz al petróleo es un error. Lo que fluye por ese estrecho no es solo energía: es la base de múltiples cadenas productivas. El gas que pasa por ahí se transforma en fertilizantes( de allí que se emitió una alerta alimentaria para los meses siguientes si esto no se soluciona); los subproductos del petróleo, como el azufre, alimentan la industria química y procesos metalúrgicos; los derivados energéticos sostienen desde la agricultura hasta la logística global.

Por eso, cuando se ejecutó el bloqueo, el mundo se alarmó porque muchos relojes alimentarios y productivos empezaron a correr. No es que la comida desaparezca de un día para otro. Es algo más complejo y peligroso. Primero suben los costos energéticos. Luego, los fertilizantes se encarecen. Después, los agricultores reducen su uso. Meses más tarde, los rendimientos caen. Y finalmente, los precios de los alimentos suben. No es una crisis súbita: es una cadena de consecuencias. Y aunque hoy se abriera el estrecho, el daño en muchas industrias —sobre todo la gasística catarí— tardará años en reponerse.

El estrecho de Ormuz no pertenece a Irán

A esto se suma un elemento que pocas veces se explica con claridad: el estrecho de Ormuz no pertenece a Irán. Es un paso internacional compartido con Omán, y querer apropiárselo no es un acto de soberanía, sino un intento de expandirla de forma coercitiva, muy al estilo del régimen iraní.

Y, sin embargo, eso es precisamente lo que empieza a ocurrir. No necesariamente a través de un cierre formal, sino mediante algo más sofisticado: la presión. No hace falta bloquear el paso para dominarlo. Basta con volverlo incierto. Aumentar el riesgo, encarecer el tránsito, intervenir selectivamente en los ataques. Incluso fuerzas iraníes han abordado naves para cobrar por cruzarlo, transformando una vía internacional en un peaje de facto que alimenta las arcas de la Guardia Revolucionaria que de facto detenta el poder de la República Islámica, incluso por encima del propio presidente Pezeshkian.

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Por eso, decenas de países —incluso aquellos que no participan directamente en el conflicto— buscan mecanismos para garantizar su apertura sea de manera militar o congraciándose con Irán, como respuesta a una amenaza sistémica que, al inicio, pocos imaginaron que alcanzaría esta magnitud. Si Ormuz se vuelve inestable, el impacto se extiende a la energía, a los alimentos, a la inflación y, en última instancia, a la estabilidad política de múltiples regiones del mundo.

Para el Ecuador, este no es un tema ajeno. Aunque no dependamos directamente del estrecho para nuestras exportaciones, sí dependemos del sistema que este sostiene. El costo de los combustibles, el precio de los fertilizantes y la estabilidad de los mercados internacionales están atados a lo que ocurre allí. Incluso la propia estabilidad política de potencias como Estados Unidos —y con ello liderazgos como el de Trump— tiene en esta zona una de sus pruebas más delicadas y cuya pérdida de gracia en las urnas americanas a futuro afecta nuestro proyecto político.

Pensar que “eso es allá” es, en este caso, una forma de no entender cómo funciona el mundo. Porque en la economía global, las distancias han sido reemplazadas por interdependencias. Y Ormuz es una de las más críticas.

Ignorarlo no lo vuelve irrelevante. Solo nos vuelve más vulnerables.

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