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Las mujeres no somos competencia, somos apoyo
Hoy es muy común encontrar mujeres buscando ganarse e incluso desempeñando un espacio protagónico en la sociedad: estudiantes universitarias, profesoras, empresarias, autoridades políticas, etc. Sin embargo, aún prevalece la desigualdad, sobre todo en altos cargos empresariales y en la función pública.
Sobre la equidad de género la realidad es que hay una verdad histórica, y durante siglos las mujeres fuimos totalmente relegadas a tareas domésticas o actividades de menor relevancia. Nos fue negada la misma educación y oportunidades que tenían los hombres. Se ha mejorado notablemente, pero el desafío sigue siendo el mismo. Las mujeres no somos competencia para los hombres, somos apoyo. Las empresas ecuatorianas empiezan a entenderlo poco a poco. Según Deloitte, en 2018, 13% de las empresas tenía a una mujer en el cargo de presidente, mientras en 2015 la cifra no superaba el 3%; en la vicepresidencia, en 2018 fue de 12%, superando al 2015 con 8%; en el cargo de gerente general, un 18% en 2018; en 2015 era 13%. Son datos que mejoran cada año, pero estamos lejos de hablar de igualdad. Las mujeres profesionales deben esforzarse el triple para ser consideradas para estos cargos. La situación en zonas rurales es más dramática.
El machismo -aunque cada vez en menor proporción-, está presente en todas las esferas. Muchas mujeres talentosas e inteligentes aún no cuentan con oportunidades, lo cual es una barrera para el crecimiento de la economía en su conjunto. Según el BID, si la participación de hombres y mujeres fuera idéntica, la economía mundial crecería un 26% para 2025. La presencia activa de mujeres en las juntas directivas puede generar muchos beneficios a las empresas. Hombres y mujeres trabajando en conjunto mejoran la competitividad y toma de decisiones. Las ideas, experiencias, y puntos de vista diferentes permiten incrementar posibilidades de innovación y crecimiento sostenible. Superar este desafío depende del apoyo dentro de las empresas y del amor de la familia y los amigos.
María Isabel Salvatierra