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Moral reprochable
La moral es un conjunto de normas establecidas al interior de una sociedad, que ejerce influencia en la conducta de cada uno de sus integrantes. La ética nace en la interioridad de una persona como resultado de su propia reflexión y su propia elección.
Los 10 años de la revolución ciudadana pusieron en el poder como “redentor” a Rafael Correa, elevando su pensamiento y voluntad a la categoría de “dogma” de estricto cumplimiento, sin opción a cuestionamiento alguno. Gracias al Estado de propaganda, por su estructura y forma de actuar se crea una especie de “secta correísta”, llena de escándalos de corrupción, violación a los derechos humanos, a la integridad o imagen de las personas, y a la pedofilia cometida por algunos de sus feligreses. El “líder supremo” es juez y parte en el juzgamiento de las acciones de sus feligreses, exculpándolos y/o condenándolos, o protegiéndolos, según convenga al proyecto de la “secta”.
La destrucción de la institucionalidad en lo jurídico y lo político permitió a la “secta” crear verdaderos tribunales inquisidores, que exculpaban a los propios y condenaban a los infieles opositores. La práctica de la doble moral se convirtió en el deber ser del quehacer político en la década de la “secta correísta”, la que llevó a la práctica la máxima de Marx, convirtiendo a su “doctrina”, la revolución ciudadana, en el opio del pueblo.
Durante diez años con descaro se robó, abusó, endeudó, etc., a vista y paciencia de la ciudadanía, que estupefacta, agachaba la cabeza.
La secta requiere de “mártires” y el “redentor” bajó del ático para “canonizar” al personaje icónico de la corrupción. Sus acólitos aún en la Asamblea, pretenden que con el paso del tiempo lo puedan elevar a la calidad de “mártir” en lugar de ratificar su calidad de corrupto profano.
Cerramos el año con más dudas que certezas tras el comportamiento del Gobierno y de la mayoría de Alianza PAIS en la Asamblea; sumadas las declaraciones del exsecretario Mangas, habrá que determinar si el presente también es un gobierno de doble discurso, lo que moralmente sería reprochable.