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Diario Expreso Ecuador

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Una misa militar en medio de la selva

Informe. La investigación de las causas del accidente está avanzada en un 90 %. Falta un informe de Canadá, como publicó EXPRESO.

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Recorrieron casi dos kilómetros por un sendero angosto y lleno de lodo. Eran las madres, esposas, hermanos, tíos, suegros e hijos de los militares que fallecieron el 15 de marzo.

Su objetivo era llegar al sitio exacto donde se accidentó el avión Arava, del Ejército, en la población de Fátima, cerca de Puyo, en Pastaza.

“Contrólese, mamá, ya hablamos de eso”, le dijo cariñosamente el hermano de Edison Vargas. Ella, desconsolada, contó a EXPRESO que llegó desde Montalvo, Los Ríos, para ver el lugar en el que murió su hijo.

En la montaña Independiente, como la llamaron los militares, se levantó un altar en honor a los fallecidos.

El padre Manuel ofició la ceremonia. Colocaron una mesa plástica con un mantel amarillo. En el centro de un claro, en medio de troncos de árboles, los militares plantaron una cruz de 2,20 por 1,70 metros de cemento para recordar a los fallecidos. Sus fotos y nombres quedaron grabados en la base.

Allí mismo, las familias de Santiago Sarango, Edison Guevara y Wilson Pila colocaron tres cruces de mármol y cemento. Benito Almache enterró, justo en el sitio del accidente, una medalla de su hijo político, Edwin Sinchiguano.

Se encendieron velas, se depositaron flores, se colocaron fotos. Yolanda Sánchez agradeció el homenaje de los compañeros de los fallecidos. “El dolor ha sido el que nos ha unido”, comentó. Les pidió que sean fuertes en el proceso de duelo.

El comandante de la Brigada Patria, Fabián Fuel, habló en nombre de sus 1.400 hombres. “Su único sentimiento era ser más profesionales y, por eso, quisieron enfrentar esos cursos”, recordó. Aseguró que “estuvieron preparados, por eso hoy están en el cielo”.

El momento más emotivo de la ceremonia fue el poema dedicado a los comandos por Almache. El eco de su voz recorrió la montaña en la que se estrelló el avión y en la que se sembraron las cruces.

Pasadas las 11:00, los familiares emprendieron el camino de regreso. Bajaron cargados de recuerdos: agua de un riachuelo, pedazos del fuselaje, piedras, plantas y flores.

Para el mayor Franklin Cando, jefe de operaciones psicológicas del Comando de Educación y Doctrina, fue un día especial para “recordar a los camaradas paracaidistas que dejaron el legado de entrega y sacrificio”.

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