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Entre el miedo y el coraje
Los acontecimientos de la semana pasada en Bruselas han develado los estados de ánimo entre los que se mueven los llamados ciudadanos del siglo XXI, que marcan más que cualquier definición o declaración abstracta de principios: el miedo y el coraje.
Los estados de ánimo, decía Heidegger, muestran al ser. Entonces confesemos simplemente el miedo, lo decía magistralmente Michela Marzano en “Corriere della sera”: “Antes o después debía suceder. Tengo miedo. Es el miedo que había sofocado el 7 de enero de 2015, inmediatamente después de los atentados a ‘Charlie Hebdo’, decidiendo viajar de todas formas al aeropuerto y partir, aunque entre las víctimas estaban algunos conocidos y un amigo querido...”. ¿Pero, por qué en cambio ahora”, continúa Marzano, después de lo sucedido en Bruselas, “¿el miedo no se quiere ir? ¿Qué es este sentimiento imprevisto de impotencia y de extravío? ¿Qué es esta agitación que me inmoviliza, este pensamiento de que, tarde o temprano, también podría sucederme a mí estar en el momento equivocado en el lugar equivocado, en aquel aeropuerto, o en aquel metro, en aquel estadio o en aquella estación?”.
Se tiene miedo ante la incertidumbre, rostro velado de la muerte. Se puede y se debe racionalmente analizar lo sucedido, señalar responsabilidades, transformar los servicios de seguridad, que al parecer en el caso belga eran más que incompetentes, unir en fin a los gobiernos de la Unión Europea, con la certeza de que el blanco escogido es Europa. No faltarán los que ingenuamente propondrán incrementar los bombardeos y destruir de la faz de la tierra a todo lo que parezca Estado Islámico. No servirá para mucho si cada país occidental juega con sus propias cartas y decide para sí qué grado de destrucción o de protección otorga a los combatientes en Medio Oriente, donde se libran simultáneamente cinco guerras religiosas, políticas y económicas.
“El coraje”, recuerda de Aristóteles Marzano, “no significa precisamente no tener miedo”. Solo viene después de haber escuchado al miedo para poder darle un nombre y asumir otra vez la vida.
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