Los animales son seres vulnerables que no pueden protestar ante un evento de maltrato.

Maltrato animal: Que relacion tiene con el maltrato intrafamiliar

Daniel Palomeque explicó a EXTRA que sí hay relación con ambos maltratos ya que el abuso hacia un animal puede desencadenar la violencia de género.

El pasado lunes 25 de noviembre varios perritos fueron rescatadas de las ’garras’ de un supuesto violador quien, según moradores de un barrio del sur de Quito, es de avanzada edad y también acosa a las mujeres del sector.

Gracias a la valentía de una vecina, quien se contactó con una fundación de rescate animal, los canes fueron puestos a cuidados de expertos ya que una de las perritas, Carmelina, presentaba síntomas de haber sido violada, pues acorde al diagnóstico de los rescatista, sangraba por sus partes íntimas debido a un fuerte desgarre.

Pese a los esfuerzos de los moradores del sector de que manden a ‘cana’ al presunto abusador, este no fue detenido; pero asentaron la denuncia ante la Agencia Metropolitana de Control, porque según comentarios de María Tomalá —vecina del sujeto— él había recibido palizas de otros hombres por acosar a mujeres ajenas.

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Ese mismo 25 de noviembre se conmemoraba, como cada año, el Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer.

Pero, ¿qué relación tienen el maltrato animal y el intrafamiliar? EXTRA contactó al psicólogo Daniel Palomeque, quien aclaró que el maltrato a las mascotas puede desencadenar el abuso intrafamiliar. ¿Cómo? El experto indicó que cuando se habla del vínculo entre la violencia de género y maltrato animal hay que analizar primero tres situaciones distintas.

Primero, señala el maltrato animal instrumental, que se utiliza para causar daño y sufrimiento psicológico a la pareja.

“En estas situaciones, los animales son utilizados como chivos expiatorios para maltratar a la pareja o hijos mediante sometimientos, amenazas o para evitar que se vayan. En algunos casos estos agresores hacen esto para asegurar su silencio respecto a su situación de víctimas”, explicó el psicólogo.

Para ‘cachar’ el sentido que tiene este tipo de violencia, tanto para los maltratadores como para las personas que se ven sometidas a través del maltrato de sus animales, es necesario comprender el vínculo existente entre las personas y los animales.

Por eso, el profesional mencionó que hay que ser conscientes de la situación de fragilidad de los animales, desde un punto de vista físico, por el tamaño de las mascotas; legal, que considera que su maltrato implica un menor castigo; y por su incapacidad para protestar.

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Por otro lado, dijo Palomeque, el maltrato animal puede ser un indicador fiable de violencia interpersonal. “De hecho, se afirma que el maltrato contra los animales es un indicador más fiable de violencia contra las personas que al revés, porque siguen existiendo casos en que se maltrata a las personas sin que haya maltrato al animal”, apuntó. En estos casos, se suele decir que pegarle a un perrito “socializa el uso de la violencia y elimina el pudor de ejercerla contra seres más vulnerables”.

Por último está la repercusión de la violencia contra los animales en el desarrollo cognitivo y emocional de los menores que son testigos de abusos contra sus mascotas. “En este sentido, se han destacado algunas situaciones como el ser testigos de situaciones de violencia. Este es un indicador de riesgo de que puedan reproducirlo contra las personas”, explicó.

Sin embargo, hay otra que considera que el maltrato de animales por parte del menor puede servir como una alerta de que él mismo esté viviendo situaciones de violencia en su casa.

Asimismo, los actos de violencia, sobre todo durante la adolescencia, pueden ser un “indicativo de futuras psicopatologías”.

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Por su parte, el adiestrador canino Darwinson Plaza, indicó que la existencia de un animal violentado en una familia es un indicio de un niño, mujer, anciano o una persona con discapacidad vulnerados porque el “maltrato empieza por el más frágil de la familia”, en este caso un perrito.

Plaza dijo que este trastorno —el de maltratar a los perros— se manifiesta durante la adolescencia y termina con la crueldad hacia las personas. “A veces uno tiene que estar ‘ojo vivo’ para saber que detrás de un niño y un animal maltratados hay una violencia que puede extenderse”, añadió.

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