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Una ley para el futuro
Desde siempre hemos escuchado decir a los jurisconsultos que la ley manda, prohíbe o permite; con los años acaso agregaríamos audazmente: disuade. Y es que la norma, que es lo general, lo universal, ni debe entrar en las minucias del detalle, ni en las especificidades punitivas, que más que marcar cancha parecen formas de desquite o de venganza.
La ley tiene que verse desde el bosque, entendiéndose que su ámbito alcanza a todos sin excepción, entregando y propiciando equidad y justicia en el tratamiento de los hechos, en el manejo de los conceptos y en la garantía, sí, de los derechos, sin descuidar los deberes que todos tenemos y cuyo cumplimiento garantiza la supervivencia del Estado. ¿Acaso no es el tiempo el más propicio para cambiar una ley de educación? Los ecuatorianos somos muy dados a responder desde nuestra emocionalidad y a depender bárbaramente de la circunstancialidad.
Y es que en este tiempo de abusos, acosos, desde lo sexual, sería muy triste que esto focalice el discurso obnubilando la razón, sin dejar ver todo el gran contexto. El aberrante mal manejo de la sexualidad sin duda es un problema en el ámbito educativo, pero no es de ninguna manera el problema de la educación que tiene muchos tantos, tan importantes sobre los que tratar y definir.
La ley no puede ni debe ser el instrumento con el que conseguimos obsecuentes aplausos y reverencias de aquellos que por recibir complacencias económicas devuelven una paz interesada. Tiene que ser un instrumento de desarrollo, de progreso, de avance, de cambio; tiene que prever que en los tiempos que vivimos las novedades y propuestas científicas y tecnológicas van a llover como en catarata sobre el mundo educativo, y entonces, tiene que preparar el entorno para que este se asimile, se acoja al ritmo del progreso rápidamente, con ligereza, sin esperar eternas autorizaciones de un ministerio central, en ocasiones tan lejano y ausente de las realidades locales.
La ley no ha de ser un listado de “no se puede”, debe ser una llave que abra la puerta del futuro para que niños y jóvenes se eduquen para el siglo XXI.