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“Estas no son ciclovias”
Despintadas, sin señalización, en medio de paradas de buses, con postes que impiden la libre circulación, poca iluminación y llenas de vehículos parqueados. Esas son algunas de las características de al menos siete de las once ciclovías que están dispe

Despintadas, sin señalización, en medio de paradas de buses, con postes que impiden la libre circulación, poca iluminación y llenas de vehículos parqueados. Esas son algunas de las características de al menos siete de las once ciclovías que están dispersas por la ciudad. Pero el mayor inconveniente es que ninguna de ellas está conectada.
En un recorrido realizado por este Diario se pudo constatar que para cruzar la ciudad los ciclistas deben obligadamente utilizar las aceras y calles, lo que aumenta el riesgo de ser víctima de accidentes de tránsito y de asaltos.
Poniendo como punto de partida el parque Samanes, el centro de la ciudad o la avenida Rodríguez Bonín no hay forma de avanzar unos metros sin encontrarse con algún obstáculo.
En el caso de Samanes, la ciclovía del parque no está unida con la de la avenida Isidro Ayora, a pesar de que están a unos 150 metros de distancia, y este segundo tramo ya no es utilizado por los deportistas de la zona, tal como lo detalló EXPRESO en un reportaje publicado el pasado 30 de noviembre. Desde la avenida José Tamayo (donde concluye la ciclovía de la Isidro Ayora) la otra ruta más cercana es la de la avenida Narcisa de Jesús, ubicada a casi dos kilómetros de distancia.
Lo mismo sucede con la de la vía a la costa, a pesar de que el tramo de la avenida del Bombero está muy cerca, tampoco hay señalética que las una.
“A veces ni siquiera son postes, vallas o carros, sino personas que se paran en medio de la ciclovía y encima se enojan porque piensan que es uno el que está invadiendo el carril y no se dan cuenta que es lo contrario. Nos ven como una molestia”, cuenta Édison Rodríguez, integrante de la agrupación ciclistas de la calle.
En el tramo de la Rodríguez Bonín, asegura, hay varias paradas de la Metrovía que están encima de los carriles.
Con él coincide Jimmy Martillo, líder de la organización. “Esto es una falta de respeto a los ciclistas. Estas famosas ciclovías han sido puestas por poner, sin ningún propósito, porque son de diez cuadras, entonces estas no son ciclovías.”.
Para Martillo, la colocación de un sistema funcional depende de dos factores primordiales: una política pública acompañada de un estudio técnico y la educación a conductores y peatones sobre la importancia de respetar los espacios y señales de tránsito.
Ronald Game, quien ha impulsado la creación de proyectos a favor de los ciclistas, explica que el Cabildo tiene alrededor de 12 planes sobre ciclovías que han sido presentados en los últimos diez años, pero que a pesar de eso “no los implementan porque cuando llegan a instancias superiores se descartan”, precisa. Game cree que es momento de que la ciudad piense en generar un sistema de ciclovías que contribuya a la movilidad cotidiana, como ya sucede en otras ciudades como Bogotá.
Arturo Stacey, también ciclista, va más allá y cita un nuevo informe del Banco Interamericano de Desarrollo que, indica, puede servir como punto de partida para la implementación de proyectos ciclísticos funcionales en la ciudad.
“Los grupos de ciclistas enviamos a finales de octubre una carta al alcalde para que su equipo revise el informe del BID y lo incorpore a su planificación, Nos han dicho que es factible, pero ya es hora de dar el siguiente paso”, enfatiza.
Hasta mientras, activistas de colectivos como Masa Crítica Guayaquil organizan grandes pedaleos para incentivar a más personas a que vean a la bicicleta como una opción de transporte. El próximo y último del año se efectuará el 21 de diciembre.
Un proyecto autosustentable
La falta de integración de las ciclovías que están en Guayaquil es un problema y la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) lo tiene muy claro.
El arquitecto Freddy Granda, jefe de planificación de la ATM, explica que si bien es cierto que la ciclovía se ha “venido construyendo de una forma desordenada e insegura”, el futuro es distinto.
Para el próximo año, la ATM planea contratar una consultoría que le permita tener un diagnóstico del estado de la ruta de la ciclovía en la ciudad, les dé recomendaciones sobre cómo unirlas y les elabore un plan integral que permita enlazar a los ciclistas con paradas de la Metrovía, o les permita llegar a lugares turísticos o a las universidades. Además de que el proyecto sea autosustentable.
“El objetivo principal es el desarrollo de una ciclovía turística, pero encaminada al desarrollo de una ciclovía como medio de transporte”, precisa Granda.
La Autoridad de Tránsito también solicitará a la consultora que los asesore con el término de la elaboración de un borrador de ordenanza que está archivado, pues, a decir de Granda, la aprobación de una ley es igual de importante como la construcción de un proyecto sostenido.