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“La paciencia ha sido clave en mi vida”
Así lo indica el maestro Abdón Calderón, quien recientemente inauguró una muestra que lo llena de más orgullo que una propia, la de sus estudiantes del taller de pintura para adultos que dicta desde hace más de tres décadas en el Teatro Centro de Arte.

En cincuenta años de trayectoria como artista y docente, la paciencia fue la clave para su supervivencia. Así lo indica el maestro Abdón Calderón, quien recientemente inauguró una muestra que lo llena de más orgullo que una propia, la de sus estudiantes del taller de pintura para adultos que dicta desde hace más de tres décadas en el Teatro Centro de Arte.
Día a día, el artista de 74 años de edad se encuentra con sus estudiantes, casi todas mujeres, y entre tazas de café y óleos revisa los trabajos de cada una y les da consejos para mejorar sus lienzos.
Muchas de ellas llevan más de una década en el taller, como Judy Hasing, que recientemente expuso una obra ganadora de un certamen en Beijing, y sin embargo, pese a los años, los progresos de sus alumnas aún lo emocionan.
“Yo no las guío ni impongo mis deseos. Ellas escogen los temas y yo las dirijo hacia sus fortalezas. Vamos trabajando sobre esa base. Cuando veo que triunfan me alegro, siento que cumplí mi labor como maestro”, indica.
Su orgullo es aparente mientras recorre la galería de la institución, donde los cincuenta lienzos de sus estudiantes se exhibirán hasta fin de mes.
La docencia, sin embargo, no era una meta profesional que tenía de joven. Cuando empezó a dar clases, era tan solo un novel pintor que buscaba ahorrar para poder especializarse en Europa. Su primera labor como maestro de pintura fue a fines de los años sesenta, con niños. Desde entonces la profesión le agradó.
“Me di cuenta de que era bueno enseñando y que también yo aprendía de los alumnos. Quizás me faltó decisión para irme, pero no me quejo. He expuesto en el país, en el extranjero, hasta en Israel... y he ganado varios premios”, dice.
A más de su trabajo como docente, Calderón continúa pintando en su taller particular, ubicado al sur de la ciudad. Sus obras se han centrado principalmente en la población montuvia y negra. Las problemáticas a las que estas se enfrentan y su riqueza cultural lo atrajeron a las historias de estos pueblos, y ha continuado plasmándolas a lo largo de su vida.
Cree que, con el paso de los años, la apertura al arte en el país y la ciudad ha sido cada vez mayor, algo que celebra.
“Cuando mi generación era joven, era muy difícil vender un cuadro, o exponer en una galería, empezando porque no existían muchas en Guayaquil. Las cosas son diferentes ahora, la sociedad ha ido culturizándose y los artistas se han abierto cada vez nuevos espacios”.