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“Me gusta que me llamen leyenda viviente”
El reconocido cantautor mexicano, Armando Manzanero, afirma que no fue su intención escribir temas para la posteridad.

Tiene 83 años y si usted habla con él le sorprenderá su habilidad y rapidez para responder, recordar y contar decenas de anécdotas.
El mexicano Armando Manzanero, uno de los compositores más respetados y admirados de Latinoamérica, continúa vigente después de más de más de medio siglo de carrera. Escribe, viaja, ofrece shows y no descuida sus funciones como presidente de la Sociedad de Autores y Compositores de México.
Desde la tierra del tequila nos enlazamos telefónicamente con el autor de éxitos como Adoro, Somos novios, Te extraño, No sé tú, Nada personal y Esta tarde vi llover, a propósito del show que ofrecerá el 15 de julio en el hotel Hilton Colón. “Mis recuerdos de Ecuador se remontan a 1968 cuando llegué por primera vez al país y recorrimos Salinas, Guayaquil y Quito, estábamos en una avioneta y nos guiábamos por un mapa”.
A la bolerista guayaquileña Patricia González, con quien ha grabado y actuado varias veces, la considera como su hermana.
Pese a haber compuesto para grandes de la música como Frank Sinatra, Raphael, Luis Miguel, Angélica María, Alejandro Fernández, Pedro Vargas y muchos más, no está de acuerdo con que lo llamen ‘maestro’. “Esa palabra le queda a Chopin, Wagner o Tchaikovsky, me parece algo exagerado para mí, sin embargo, leyenda viviente sí me gusta mucho porque sigo vivo (risas) y permanezco en el recuerdo de la gente que como yo disfruta de la música con pasión”.
Señala que sus canciones, que hoy pertenecen a la cultura popular latinoamericana, nunca las hizo con el fin de que pasaran a la historia, pero siempre se preocupó porque tuvieran armonía y envolventes letras. “Nunca fui apegado a la moda ni siquiera cuando compuse mi primer tema, allá por 1950. Tampoco tuve un intérprete consentido ni un favorito, simplemente sabía qué melodía encajaba a determinado cantante”.
A su edad, indica que, aunque está inmerso en muchas actividades, vive sin prisa y valora cada momento. “No hay nada más rico que bajar de un avión, comer una albacora, tomar dos copas de vino y comer un flan casero, eso me da la energía suficiente para lo que sigue (risas). A mis 83 años, todo me enamora, desde sentarme en el cine hasta un arroz con berenjena”.