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“Luego del terremoto de Ambato se creo una junta de reconstruccion”
R ecuerdo lo sucedido en el terremoto del 5 de agosto de 1949 que devastó Pelileo, mi tierra. No quedó una sola casa en pie y sumaron miles de muertos y heridos; Ambato y Píllaro sufrieron también destrozos y perdidas humanas, trágicas escenas de dolor y angustia que movilizaron al país, que solidariamente como ahora, se unió para ayudar a las familias y afectados de este terrible percance.
Pelileo desapareció del mapa y los damnificados se fueron desplazando, otros fueron acogidos en Ambato, Quito y Guayaquil por sus familiares más cercanos. La reconstrucción era prioritaria, por lo cual el presidente Galo Plaza creó la Junta de Reconstrucción de Tungurahua, que sería el organismo ejecutor y responsable de las obras a realizarse en forma urgente y administrador de los fondos recaudados por donaciones de países amigos, empresas nacionales, instituciones sociales y dineros gubernamentales, de tal manera que con su autonomía pudiera planificar esta ardua tarea sin interferencia alguna.
Para el terremoto en Esmeraldas y Manabí, el Gobierno debe hacer una cosa parecida, estableciendo un órgano administrativo y ejecutivo responsable para que sea el organismo rector que saque a flote la rehabilitación y reconstrucción de este desastre. No será muy fácil y durará mucho tiempo, pero la perseverancia y solidaridad demostrada, que no va a desmayar se convertirá en un soporte permanente para salir airoso de este triste suceso.
Eduardo Rodríguez Vaca