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Antes de la “hora cero”
Después de 11 días los ecuatorianos volverán a ir a las urnas para decidirse por uno de los dos binomios que quedaron como finalistas del balotaje. Es decir que, como suele expresarse, “estamos de la ceja al ojo”. Y los candidatos se estarán empleando a fondo para convencer al electorado con promesas de todo tipo que, por supuesto, ofrecen el mejor de los futuros, esto es, un país diferente al que hasta ahora hemos conocido, aunque sobre el particular ya los electores deberían estar, lo que también se dice, “curados de espanto”, como para no andar creyendo en “pájaros preñados”, o sea, en todo lo que los interesados ofertan a sus oídos.
Pero el destino histórico, cívico, administrativo y político nos ordena decidirnos, desde los 16 años, por una de las dos opciones. Esto es entre los dos duetos o parejas que aspiran a ser los primeros ciudadanos del país. No hay otra salida, aunque los que “no comen cuento” (como diría el vulgo) y no creen en cantos de sirena, anulen sus votos o, simplemente, los manden a la urna “en blanco”, sin usar el esferográfico para hacer la raya vertical que favorezca al uno o al otro binomio.
Y algunos ciudadanos de la tercera edad, que por sus canas y sus dolores reumáticos ya no están obligados por la ley a cumplir con el voto obligatorio, simplemente se quedarán en casa para luego, por la radio o la TV, ver los toros desde lejos, sin echarse la culpa, a futuro, por los incumplimientos o los errores de quienes resulten finalmente vencedores.
Sin embargo, no hay que pecar de pesimistas ni convertirse en agoreros del desastre. Las promesas del “oro y el moro” están puestas ya sobre el tapete electoral y es de esperar que, por lo menos, algunas de ellas lleguen a convertirse en realidad. Lo grave del caso es que en épocas de “vacas flacas” el problema radica en conseguir el dinero contante y sonante (no simples “papelitos” que hay que comerciar con grandes descuentos) que permita financiar los planes de educación, salud, vialidad y hasta de diversión, con “puentes vacacionales” y todo lo demás. Y, finalmente, con tantos empleos ofrecidos hay que tener fe en que se acaben las largas colas que se forman cuando se ofrecen uno o dos cargos públicos o privados.
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