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Del “brexit” hacia Trumpilandia
La primera ministra británica, Theresa May, está llevando al Reino Unido hacia una salida o “brexit” muy “dura” en 2019 y potencialmente a caer de un acantilado si abandona la Unión Europea sin un acuerdo de salida o un acuerdo comercial. May dejó en claro que priorizará las demandas de línea dura de quienes están a favor del “brexit”, los “brexiteers”, por encima de los intereses económicos del país. No es de extrañar que escoja una variante en la que el RU abandone el mercado único de la UE y su unión aduanera: ella sabe poco de, y se preocupa mucho menos por, la economía. Su objetivo final es sobrevivir como primera ministra, y cree que al controlar la inmigración hará que quienes votaron por “salir” sientan cariño y cercanía por ella, y que al poner fin a la jurisdicción del Tribunal de Justicia Europeo en RU pacificará a los nacionalistas dentro de su Partido Conservador. Es una propuesta perder-perder para el RU, que renunciará a los beneficios del libre intercambio con el resto de la UE, así como también a las contribuciones de los migrantes de la UE que trabajan muy duro y pagan impuestos. Los proveedores de servicios con sede en el RU, en particular las empresas financieras, perderán los privilegios de “pasaporte” que les permiten operar libremente dentro de la UE. May fue menos honesta sobre las consecuencias de abandonar la unión aduanera. Ella está buscando un comercio “sin fricción” a través de una “afiliación asociada” en la unión aduanera, a pesar de que esto contradice directamente su afirmación de que RU no quiere estar “medio-adentro-medio-afuera” de la UE. Tal arreglo es políticamente improbable, logísticamente imposible e ilegal según las reglas de la OMC. May también amenaza con devolver los golpes a la UE con recortes de los reglamentos y regulaciones del RU. Hay poco apoyo político para esta medida, y la eliminación de los reglamentos financieros violaría los compromisos internacionales de RU. Además, May se ha comprometido a ayudar a la clase trabajadora, fortalecer los derechos laborales y asegurar que las empresas globales paguen su parte justa de los impuestos del RU. Pero incluso si logra un acuerdo de salida, es imposible negociar y ratificar un acuerdo comercial sector-por-sector en menos de dos años, y no puede haber “implementación gradual” de un acuerdo comercial que no ha sido finalizado; por lo tanto, las empresas automotrices, las instituciones financieras y otras empresas que exportan a la UE deberían comenzar a prepararse para estar en el “borde del acantilado”. A los parlamentarios electos no se les ha permitido participar en el establecimiento de la agenda de negociación del gobierno. May les ha prometido que habrá una votación sobre el acuerdo final, pero el RU de todas maneras continuará con su salida de la UE si los parlamentarios rechazan dicho acuerdo. Esto es una burla de la democracia. Y, si se tiene en cuenta que el presidente Trump amenaza con iniciar guerras comerciales y abandonar a Europa ante las acciones depredadoras revanchistas del presidente Putin, este es un momento especialmente peligroso para que el RU proceda de manera solitaria. May afirma que el “brexit” permitirá a RU lograr mejores acuerdos comerciales con países no pertenecientes a la UE, y está depositando sus esperanzas en un acuerdo rápido con EE. UU., pero la administración Trump conducirá una negociación aún más dura. RU exporta mucho más a EE. UU. de lo que importa de ese país. Trump odia tales déficits comerciales “injustos” y se ha comprometido a eliminarlos.
Project Syndicate