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Diario Expreso Ecuador

análisis

Las apuestas, el nuevo rival de las encuestas electorales

Un encuestado puede responder lo que quiera, mientras que un apostador pierde plata si se equivoca. Esa diferencia tiene un nombre: disciplina de creencias

Abelardo De La Espriella quedó primero después de las elecciones en Colombia.

Abelardo De La Espriella quedó primero después de las elecciones en Colombia.CORTESÍA.

Pamela León Andriuoli
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Lo que debe saber

  • La victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia reabre el debate sobre la capacidad de las encuestas para anticipar elecciones.
  • Mientras las principales encuestadoras daban como favorito a Iván Cepeda, los mercados de predicción ya anticipaban el triunfo de Abelardo de la Espriella.
  • Tras errores registrados en Colombia y antecedentes polémicos en Ecuador, la próxima contienda servirá para medir qué método logra interpretar mejor el comportamiento de los votantes.

El 31 de mayo, Colombia eligió en primera vuelta. Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,74 % de los votos; Iván Cepeda quedó segundo con el 40,9%. La encuestadora Invamer, en su última medición antes de la elección, le asignaba a Cepeda el 44,6 % y a De la Espriella el 31,6 %, trece puntos de ventaja para el candidato que terminó en segundo lugar.

Mientras tanto, en una de las principales plataformas de mercados de predicción del mundo, los apostadores ya tenían a De la Espriella como favorito desde semanas antes, con una probabilidad del 69 % de ganar la Presidencia. Ese contraste entre sondeos y mercados es la señal más reciente de una grieta que viene abriéndose en los instrumentos con que anticipamos resultados electorales.

Estos mercados de predicción funcionan como una bolsa de valores aplicada al futuro. Los usuarios compran contratos sobre resultados posibles. Si creen que el candidato A va a ganar, compran su contrato. Si acierta, cobran. Si no, pierden dinero real. El precio de cada contrato en tiempo real refleja la probabilidad que el mercado colectivo asigna a ese resultado.

Un encuestado puede responder lo que quiera. Un apostador pierde plata si se equivoca.

Esa diferencia tiene un nombre técnico: disciplina de creencias. La amenaza de pérdida económica reduce el sesgo de deseabilidad social (decirle al encuestador lo que uno cree que debe decir) y el sesgo de militancia, que lleva a sobrestimar las posibilidades del candidato propio.

La última encuesta de Guarumo, publicada diez días antes de la elección presidencial de Colombia, mostraba a Cepeda con 37,1 % y a De la Espriella con 27,5 %. El Centro Nacional de Consultoría (CNC) lo ponía en 37,2 % versus 20,4 %. Todas las firmas coincidían: Cepeda primero, con comodidad.

Sin embargo, los mercados de predicción contaban otra historia. El mercado sobre quién avanzaría a segunda vuelta asignaba a la dupla De la Espriella-Cepeda una probabilidad del 85 %, con De la Espriella cotizándose como primero desde semanas antes. El candidato que los sondeos daban como ganador terminó segundo. Y aquel al que el mercado favorecía, ganó.

El contexto colombiano agrava el análisis. La primera vuelta de 2026 no ocurrió en condiciones normales para las encuestadoras. Varias firmas enfrentaban cuestionamientos regulatorios y metodológicos. Ese ambiente de desconfianza institucional frente a los sondeos fue, paradójicamente, el caldo de cultivo que les dio mayor visibilidad a los mercados de predicción como instrumento alternativo.

Pero Colombia no es el único espejo. Ecuador tiene sus propios casos, y son anteriores.

Nuestro país ofrece dos ejemplos recientes en los que la distancia entre encuestas y el resultado oficial fue difícil de justificar solo con márgenes de error.

En la elección para la Alcaldía de Guayaquil de 2023, la encuestadora Market publicó en octubre de 2022 que Cynthia Viteri lideraba con el 47,6 % de intención de voto y Aquiles Álvarez era tercero con el 11,3 %. Cuando se contaron los votos, Álvarez ganó con el 39,87 % y Viteri quedó segunda con el 30,39 %. Fue una inversión completa del resultado. El candidato que la encuesta daba como tercero terminó primero, con casi cuatro veces más votos de los que se le asignaban.

Aquiles Álvarez ganó la Alcaldía de Guayaquil en 2023..

Aquiles Álvarez ganó la Alcaldía de Guayaquil en 2023..ARCHIVO

El segundo caso es más reciente y más sistemático. En la consulta popular de noviembre de 2025, Cedatos publicó proyecciones que mostraban al Sí ganando en todas las preguntas, con porcentajes entre el 53 % y el 69 %. En las urnas ocurrió lo contrario: el No ganó en las cuatro preguntas, con el Sí obteniendo entre el 38 % y el 47 %.

Ecuador también tuvo su propio ensayo con mercados de predicción. En las elecciones presidenciales de 2025, una de estas plataformas anticipó que Luisa González y Daniel Noboa pasarían a segunda vuelta. El resultado confirmó el pronóstico.

¿El fin de las encuestas?

No. Las encuestas tienen algo que los mercados de predicción no pueden remplazar: permiten saber qué piensa un votante joven de Quito versus uno rural de Manabí, qué temas importan, cómo se percibe la imagen de un candidato. Son instrumentos de radiografía social.

Pero como herramienta para anticipar quién gana una elección, los casos acumulados sugieren que las encuestas enfrentan un problema que la metodología sola no resuelve.

El monopolio de las encuestas como único termómetro electoral está siendo disputado por mecanismos que castigan el error con algo que las encuestas no tienen: el costo de equivocarse.

Ecuador irá a las urnas en noviembre. Esa será otra oportunidad para medir no solamente a los candidatos, sino a las encuestas que intentarán estimar el contexto social.

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