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El lado oscuro de las redes sociales

Todo empieza con un hola. Luego las conversaciones fluyen con facilidad. ¡Eres hermosa!, ¿dónde vives?, ¿te gustaría dar una vuelta conmigo?.

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Todo empieza con un hola. Luego las conversaciones fluyen con facilidad. ¡Eres hermosa!, ¿dónde vives?, ¿te gustaría dar una vuelta conmigo?. Con una sola frase, una foto o un clic equivocado en las redes sociales, los niños son propensos a convertirse en víctimas de un delito sexual.

Los pervertidos están en todos lados, es la realidad que se percibe en Guayaquil. Se esconden tras la pantalla de las computadoras o los celulares, con el fin de hacer ‘amigos’ o establecer vínculos emocionales con menores. Siempre desde el anonimato.

En lo que va del año, nueve niños han caído en manos de adultos por medio de engaños en la red, en la ciudad. ‘Marcela’, de 10 años, fue una de las últimas. Conoció a su agresor por Facebook y luego de un intercambio de fotos y vídeos sexuales, el sujeto la convenció para ‘intimar’. Agentes de la Policía Especializada de Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen) de la Zona 8 la rescataron. Precisamente cuando su agresor estaba a punto de llevársela a otra ciudad.

Otro caso, aunque no consta en las estadísticas debido a que no fue denunciado, es el de David, quien a sus 12 años se ha vuelto un joven triste y depresivo, esto luego de que un supuesto ‘amigo’, del que se desconoce la edad, el nombre y rostro real, le pidiera que muestre sus partes íntimas en la misma red social.

“Recuerdo que mi hijo vino corriendo a decirme lo que le estaban pidiendo. Y no actué inteligentemente. Lo que hice fue insultar al emisor del mensaje y, como era de esperarse, desapareció. Cerró su cuenta y aunque intenté rastrearla fue imposible hallarla. Ahora ese tipo, porque eso es lo que decía ser, sigue libre. David, por su parte, asustado. Tiene pesadillas. Sueña que lo persiguen, le arrancan la ropa, abusan de él”, confiesa Jaime, su padre, ingeniero civil de 57 años.

El mayor Álex de Mora, jefe zonal de la Dinapen, explica que en estos casos hay varios delitos que convergen, pues según el artículo 173 del Código Orgánico Integral Penal (COIP) el mínimo contacto que tiene una persona con un menor de edad -por medios electrónicos y con finalidades sexuales- ya es sancionado. “Si encima de la incitación le pide fotos íntimas o algo similar ya es pornografía infantil”, precisa.

¿Pero por qué se dan este tipo de eventualidades?

Para Andrés Martínez, sociólogo, que asegura además que estos actos pueden dar cabida a las violaciones, la trata de personas o la prostitución, porque en el rango de edad de 9 o 13 años, los niños no tienen formada –en su totalidad- la personalidad.

“Se deslumbran con poco. Piensan que tener un ‘amigo’ más es sinónimo de popularidad. No establecen defensas, puesto que no creen en los peligros de las redes. Piensan que solamente se trata de historias o consejos ‘absurdos’ de los adultos”, dice.

A esto se suma el hecho de que los ‘verdugos’, con el fin de atraerlos, les ofrecen momentos de diversión o trabajos con pagos tan atractivos que no pueden rechazar. A las jóvenes, por ejemplo, les dicen que las harán modelos cuando en realidad las quieren como damas de compañía. Otras veces, estos recurren al chantaje.

“Los ‘obligan’ a caer en la trampa amenazándolos o ‘premiándolos’. Y caen. De allí que por temor y en silencio siguen otorgando información personal y poniendo a disposición su cuerpo, aunque sea de forma virtual, para que el otro -el depravado- lo disfrute o filme”.

Martínez asegura que esta tendencia de ‘atacar’ a un menor a través de las redes sociales surge también, sobre todo, porque los involucrados intentan imitar los actos de violencia que generan psicópatas, degenerados o criminales de otros países. “En Ecuador hemos emulado un sinfín de tendencias. Buenas y malas. Con la televisión y el internet tenemos acceso a todo”, dice.

Patricia Morejón, fiscal provincial del Guayas, asegura que lamentablemente estos delitos son considerados sin rostro, pues en primera instancia no se puede determinar si el individuo que está del otro lado vive a la vuelta de la casa o en otro continente. De hecho menciona que en la actualidad existen millones de páginas encriptadas en contenidos infantiles que con un clic los pueden desviar a otros sitios.

“El enganche es muy visual. Ahora podría ser con una imagen de Justin Bieber, abren el contenido y hay pornografía. Y como los chicos siempre tienen curiosidad ahí empieza todo. Atraen su atención hasta que son víctimas de un pedófilo”.

Este tipo de crímenes son analizados e investigados desde 2009 por peritos especializados, en Unidad de Delitos Informáticos de la Fiscalía.

Campañas para crear conciencia sobre el peligro

Las redes sociales tienen un alto impacto en la juventud por lo que ya se han emprendido varias campañas para concienciar sobre los peligros de navegar sin límites.

El pasado 20 de abril Movistar México lanzó un vídeo denominado ‘Love Story’, en el que se cuenta la historia de dos chicos que se conocen por Facebook y que cuando deciden encontrarse se percatan de que el otro es un adulto. “Miles de adultos se hacen pasar por niños para acosar a otros. Son tantos que incluso entre ellos se podrían encontrar”, concluye el vídeo, que hasta esta semana cerró con más de un millón de reproducciones en YouTube.

En Chile, en cambio, los seis youtubers más influyentes del país se unieron en la campaña #TuVidaNoEsUnJuego, para advertir de los peligros de los famosos retos virtuales.

La clave para evitar la problemática está en la familia

Textos de psicología difundidos por el diario internacional ABC Color apuntan a que a este tipo de agresores, los que acosan a los infantes a través de las redes sociales o el internet, se sienten atraídos más que por el cuerpo del menor, por lo que la niñez simboliza.

“Ven la pureza, la ingenuidad y se aprovechan de esa curiosidad que tienen y es propia de la edad”, señala la psicóloga Leticia Ortega, terapeuta del Centro de Psicoterapia Bienestar, al asegurar que los chicos, pese a conocer sobre los desenlaces de estas eventualidades, no se detienen a pensar en las consecuencias que estos actos les pueden provocar.

En la mayoría de casos, depresión.

Y es que sucesos de esta magnitud, sean consumados o no, modifican la personalidad de la víctima, explica. “Más aún cuando no tienen el apoyo de sus familiares o sus pares. Allí se vuelven ansiosos, tristes, agresivos. Y ya sea por vergüenza o temor, incluso intentan quitarse la vida”.

La problemática es seria. Cada vez más frecuente, dice.

¿Qué hacer? La solución está en la familia: los padres deben fortalecer el control sobre las redes (existen aplicaciones para ello) y la comunicación al interior del hogar.

“Hay que hablarle a los niños sobre el respeto al cuerpo, lo bueno y lo malo, sin tapujos. Enseñarle a los hijos a condenar cualquier tipo de acoso es también fundamental. Hay que enseñarles a no ser cómplices del silencio”.

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