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Invasiones y zonas de riesgo
El periodo de lluvias en el país, litoral y ciudad deja ver los graves efectos que tienen en la seguridad de sus moradores, los asentamientos irregulares. Desde hace décadas constituyen no solo un hecho que se repite sino un proceso demográfico, social y humano en torno al cual se crea, crece y desarrolla lo que se llama el Guayaquil periférico.
Más allá de las prácticas perversas y mafiosas de estafa de los traficantes de terrenos a los necesitados de vivienda, es preciso reconocer lo que dicen urbanistas e historiadores: Guayaquil está tejido de sucesivas invasiones. Esta puede ser una verdad, pero detrás de esto está la toma ilegal de tierras. Ello dice que existe este problema socioeconómico por su irregular crecimiento demográfico.
Aspecto fundamental de esta ocupación y crecimiento anómalo es que quienes invaden las zonas y terrenos, de propiedad pública y privada, lo que buscan es “tener una vivienda a cualquier precio”. La frase dice que no se dan pausa para meditar si tal posicionamiento y construcción de vivienda precaria están en sitios y tierras adecuados, que den seguridad a la vivienda.
Los deslizamientos de tierras, deslaves, que en los últimos años se han dado en las zonas de invasión, fangos, laderas, faldas de cerros, etc., son aspectos que dicen claramente que esos terrenos son muy vulnerables cuando la estación lluviosa arremete con fuerza. En estos días se han identificado las posibles zonas de riesgo, que las autoridades nacionales, provinciales y locales han señalado.
Es importante considerar el lado económico, social y humano que está detrás de los que realmente pueden ser considerados necesitados de vivienda. Pero ese importante sector de invasores y de ocupantes irregulares de esas tierras, deben tomar conciencia de cuán riesgoso es levantar una construcción precaria a orillas de los esteros o en las laderas de los cerros, donde los árboles fueron talados, y no está garantizada la estabilidad del suelo para esas frágiles casas.
Es necesario que por todos los medios que puedan estar a disposición de una acción comunicativa amplia, se difunda y haga conocer cuáles son esas zonas de contingencia. Pero también que sus ocupantes se vuelvan conscientes y no construyan sus precarias viviendas, precisamente en las zonas de mayor riesgo y peligro.