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Incognitas de gestion
Se anunció a inicios de mayo, con tres semanas de antelación. Lenín Moreno, como suele ser habitual, solicitó a su equipo de gobierno que presentara su renuncia de cara al segundo aniversario de mandato, a modo de evaluación de cargos. Venció la fecha y se ofició el evento en la Asamblea Nacional y aún no hay confirmación del equipo con el que el presidente aspira a cumplir sus nuevos retos, entre los más demandantes: una reforma laboral, el desarrollo de la minería en un panorama controvertido o el cumplimiento de compromisos con el FMI.
No es que haya prisa por saber qué ministros se quedan y qué puestos serán renovados. O que se esté esperando una depuración de nombres que han resultado desgastados por controvertidas decisiones.
El asunto es que la dilación en la evaluación se podría interpretar como un síntoma de desorientación. Si el Ejecutivo tiene definidos los lineamientos a los que dedicará su gestión en el próximo año o en la segunda mitad de mandato, debería, asimismo, tener claro qué colaboradores pueden llevar a buen puerto esos planteamientos. Casi un mes después de la primera renuncia, el gabinete y el país están pendientes de la ratificación y, en consecuencia, de poder volver a operar con plenitud.