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Se inclina la pendiente
En tiempo de campaña las ofertas crecen, todas ellas buenas, solo para ser desmentidas posteriormente por la realidad. Donde se prometió la creación de 250.000 empleos, las cifras oficiales más recientes hablan de la pérdida de 251.000 puestos de trabajo en el sector formal en el segundo trimestre del año en curso. La pérdida del mercado laboral viene como consecuencia de una economía que no crece, con demanda agregada que se contrae tanto a nivel de gobierno como de los hogares, y con 10 meses consecutivos de bajas en los precios. Esto es deflación.
Las estadísticas de empleo son equívocas al punto de ser inútiles como elementos de apoyo a una política económica efectiva. El organismo encargado anuncia por una parte la caída en los empleos formales antes mencionada, parcialmente compensada con un incremento en los empleos informales, procediendo a añadir, a manera de factor de ajuste para la cuadratura del círculo, la disminución de la población económicamente activa en número de 186.000 personas. Como no se puede asumir que estas desaparecieron por fallecimiento, jubilación o migración, la única respuesta posible es que se trata de personas que abandonaron todo esfuerzo para seguir buscando trabajo frente a la falta de oferta. Siguiendo con la cuadratura, y para mostrar una cara limpia, el organismo de las estadísticas propone que el desempleo disminuyó en 32.000 personas.
Son datos que pecan de ingenuidad. El indicador más fuerte de la participación laboral es el empleo formal. El empleo informal genera valor agregado pero su clasificación se la hace a manera de “cajón de sastre”, pues abarca desde los betuneros hasta los dueños de pequeños negocios y empresas, tiendas, talleres, y oficios de vendedores, que suplen la función de generar empleo e ingresos.
¿Qué queda en evidencia, entonces? Que la economía está en un profundo estado depresivo; que la política gubernamental es inefectiva; y que los ajustes se continuarán dando mientras no haya la voluntad firme de acometer lo que se requiere, esto es, liberar la economía de las ataduras que permanecen y son incompatibles con la dolarización, y resolver en forma efectiva la reducción del tamaño del Estado. La pendiente se inclina y lo seguirá haciendo ante la falta de visión y sentido de urgencia.