Implosion o explosion
Se define la implosión como un evento de demolición hacia adentro, producto de la detonación de un elemento como la dinamita; o, la ocurrencia de una acción demoledora dirigida hacia lo interior de la estructura en cuestión. La explosión, al revés, produce la detonación hacia el exterior. Se desata la energía, se produce el fogonazo, seguido luego por el estruendo y la posterior destrucción del radio circundante.
El símil es válido para describir la suerte de los gobiernos.
El caso extremo es el de la Alemania nazi, donde el efecto explosivo del conflicto fue tal que provocó, literalmente, la destrucción material por acción del fuego y las bombas de ciudades enteras.
Más recientemente, la implosión del gobierno más disfuncional del planeta, el que preside el Sr. Maduro, ha provocado que Venezuela se convierta en un Estado fallido, víctima del socialismo del siglo XXI, en un proceso que ha provocado una verdadera explosión de hambre, violencia, pestilencia y odio, donde cabalgan no la espada de Bolívar, sino los jinetes del Apocalipsis.
Finalmente, el desenlace de Brasil, con una presidente destituida por falsear las cuentas fiscales, termina el dominio del Partido de los Trabajadores, con el trasfondo de actos escandalosos de corrupción que han hecho quebrar a Petrobras, empresa emblemática del país. Es una implosión, y el destape ha permitido, hasta el momento, sofocar los efectos de la explosión que de lo económico (la recesión y el desempleo) se transmite hacia lo social (la descomposición y la violencia).
¿Y qué pasa con Ecuador? Los acontecimientos del momento muestran un creciente, y hoy alarmante, grado de disfuncionalidad en el quehacer gubernamental.
A la abierta pugna con las Fuerzas Armadas, los maestros y la seguridad social, se une la deuda pública que llega a bordear el 50 % del PIB, el mal uso de las reservas por el Banco Central, los retrasos en los pagos a los municipios, la falta de créditos, el estrangulamiento del sector externo, el desempleo creciente, y las acciones desesperadas de un gobierno que busca por todos los medios tender “cortinas de fuego” para distraer la atención sobre el estado calamitoso del país.
Toda la basura acumulada se la pretende esconder bajo la alfombra, y en medio de ello se descubre la entrega de 10.000 rifles de asalto tipo AK-47 que no forman parte de la dotación de las Fuerzas Armadas. Si fuéramos mal pensados, deberíamos sospechar que se trata de armar una “fuerza de choque” y disturbar, a como dé lugar, el proceso electoral.
Pero de lo que sí podemos estar seguros es que se trata de un contrabando de armamento que, según lo revelara quien fuera jefe del Comando Conjunto, no fue tramitado a través de su autoridad. Corresponde a los actuales mandos responder en forma clara e inequívoca sobre el origen, la gestión, la actual ubicación, la eventual posesión de armas de guerra, y si hay otras posibles importaciones en ciernes que, por decir lo menos, son irregulares.
¡Quo vadis Ecuador! Es la circunstancia presente que anuncia un futuro tenebroso.
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