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Guayaquil y el rapsoda

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Los rapsodas son poetas y cantores populares. Huella y evidencia del pasado de una historia hecha inmortalidad en versos y canciones que reflejan los latidos del pueblo. Son eternidad del ayer que, con poesía, canto e imaginación, fusionan el sentir popular en cada creación, que expresan síntesis excepcionales e indescifrables.

Los grandes cantautores son rapsodas, devoran calendarios y relatos anclados en el pasado. Prueban la existencia del misterio que crea el vínculo-fusión con lo popular. Lo hacen desde su ser y sentir en poesía, canto y vida creados en palabra, verso y melodía.

Lo hacen con o sin guitarra. Solo de ellos pueden salir el verso, la voz y la melodía en la canción popular. Son quienes desde esos signos y sonidos se apropian y recrean el alma del pueblo en cantares, poesía, eternidad y memoria. De esos era el guayaquileño ‘madera de guerrero’ Carlos Aurelio Rubira Infante. Se fue a sus 96 años, dejándonos más de 600 canciones que como rubíes seguirán siendo el sentir de un infante que a la diestra del Guayas se levanta.

Fue el rapsoda del Ecuador. Nació en el pueblo y permanecerá en él. Rubira fue de origen humilde, sencillo, creativo y con valores que solo tienen los de abajo. Fue canillita, betunero, estudió en la universidad popular: la Filantrópica; trabajó en la empresa de correo. Así como se fajó con la vida, para ganársela, se subió a los cuadriláteros en combates de boxeo. Fue locutor, y en esos trajines del existir como cantautor, fue el mentor de J.J. Sin palanquearse títulos, como lo hicieron los sirvientes de Correa, la U. de Guayaquil le dio un legítimo y valedero doctorado ‘honoris causa’. Está en el Salón de la Fama de los Compositores Latinos.

De esta tierra él seguirá diciendo: “Guayaquileño de la tierra más linda/pedacito de suelo de este inmenso Ecuador./Guayaquileño no hay nadie quien te iguale/como hombre de coraje, lo digo en mi canción./Guayaquileño no hay nadie quien te iguale/como hombre de coraje, lo digo en mi canción...”. “Guayaquil, Guayaquil, pórtico de oro/que a la diestra del Guayas se levanta/tienes el alma del cristal sonoro/con que vibras en todas las gargantas...”. Adiós maestro. J.J. lo espera para seguir cantando al pueblo.

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