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El Guayaquil del 2016
En el primer mes de este nuevo año siempre es necesario reflexionar a profundidad y repensar, sin prejuicios y con clara objetividad, cuál será el rumbo de Guayaquil este 2016 que se inicia, puesto que la ciudad en los últimos tiempos ha asumido, impulsada por su gobierno local, una clara orientación respecto a cuáles deben ser sus objetivos, los rieles por donde circula y su proyecto urbano, geopolítico, socioeconómico y cultural.
Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con el camino de desarrollo local que ha definido y caracterizado a Guayaquil para avanzar hacia nuevos rumbos. Incluso se puede discrepar respecto a si es o no es un modelo incluyente y de efectivo crecimiento, progreso y bienestar. Sobre esto ya se ha argumentado mucho, ya que en las elecciones seccionales para elegir alcalde se puso este problema en el tapete de la discusión ideológica y política.
Los resultados de las elecciones señalaron claramente qué modelo escogió Guayaquil, por qué lo prefiere y qué reconoce en él, como una efectiva propuesta de nueva ciudad o ciudad para el siglo XXI. Por eso, luego de ese pronunciamiento, a lo mejor ya no cabe discutir más respecto a qué piensa la ciudadanía y qué eligió y por qué lo volvió a reelegir.
No cabe pensar que una propuesta de desarrollo local tiene unanimidad. Esto no es posible en una ciudad donde hay diferentes sectores socioeconómicos y políticos. Ningún modelo en el mundo lo puede tener. Sin embargo, es cierto que la ciudadanía lo reeligió y quiere que Guayaquil siga por esa vía.
Por esto es necesario que el Guayaquil del 2016 no sea una ciudad que espera que los dones le caigan del cielo, sino que sale a conseguirlos y conquistarlos. Pero esto supone algo que es fundamental para cualquier urbe: que su ciudadanía, sus organizaciones, sus principales actores socioeconómicos, políticos y culturales sean protagonistas del proceso. Sin este aspecto solo se es espectador de los avances, desarrollo y progreso de ella.
Por eso en este 2016 que recién comienza es importante que el colectivo social reedite esa participación, que se involucre como activista y no como simples espectadores de sus adelantos, luchas y progreso, puesto que esta no es una acción política sino de activa militancia de civismo ciudadano. Eso espera Guayaquil.