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El gran negocio
Al dar cuenta semanalmente de su gestión presidencial a través de las llamadas sabatinas, ahora a punto de ser glosadas como gasto excesivo por una Contraloría servil hasta el ridículo con el presidente Lenín Moreno, el exmandatario Rafael Correa, en una de sus últimas intervenciones, dijo haberles quitado de la boca a los banqueros el banquete que se pensaban dar con el gran negocio del “dinero electrónico”, al entregar su proyecto al Banco Central del Ecuador y no a la banca privada. Sin embargo, a los seis meses de haber Moreno asumido el poder y dar comienzo casi simultáneamente a su maquinación para tratar de desprestigiar la labor de su antecesor y copartidario, el expresidente Correa -no obstante que la campaña hecha por este a su favor fue probablemente el principal factor de triunfo ante su oponente el banquero Guillermo Lasso-, es el mismo Moreno quien determina que el proyecto de dinero electrónico del Banco Central del Ecuador (BCE) acabe y pase a manos de la banca privada. Desde entonces el sector bancario se halla trabajando activamente en desarrollar una propuesta para ofrecerla a sus clientes y reducir el uso de billetes y monedas con el fin de proteger la dolarización, como lo han manifestado las autoridades económicas. La Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca) habría explicado que el sistema funcionará como una billetera móvil y operará bajo la marca de Bimo, a través de la plataforma de Banred, sistema al que se conectan los bancos del país para ofrecer el servicio de los cajeros electrónicos. Hasta el momento, la parte técnica estaría ya lista, pero falta aún expedir la normativa para el uso de las billeteras móviles en el país, es decir, la determinación de los montos permitidos y los costos de estas transacciones bancarias, ya excesivos en la actualidad por cada mínima transacción y donde parece hallarse la gallina de los huevos de oro de los bancos, negocios que ganan en forma desproporcionada por los servicios que prestan, en los cajeros electrónicos especialmente, que se verán abarrotados con miles de nuevos clientes forzosos de los bancos con ocasión del uso del dinero electrónico, sin que a la banca parezca preocuparle en absoluto la real condición económica del ciudadano de clase media o popular. La banca siempre gana.