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Giro derecho

Después de un año, el presidente se percató de que sus ministros de Finanzas llevaban a su gobierno al fracaso. Alumnos aprovechados ambos de la escuela del SSXXI, recibieron el cumplido más inoportuno que economista alguno puede recibir: las felicitaciones y respaldo de Rafael Correa. Es positivo que se dé cumplimiento con la “limpia” ordenada por los electores el mes de febrero pasado, y que el Gobierno dé señales precisas, y no ambiguas o equívocas, de cambio de dirección.
En otro momento he expresado, en una sola frase, que lo que se requiere es “hacer las cosas al revés” de la práctica socialista de más impuestos, mayor malgasto, más regulaciones y trámites, y corrupción desenfrenada. Sin embargo, no es suficiente con el cambio de ministro pues hay que constituir un equipo económico homogéneo. Se requieren nuevas cabezas en el SRI porque uno de los puntales de la política económica debe ser el de implantar un nuevo régimen tributario; es menester derogar las tasas por servicios aduaneros y repensar los aranceles (Aduanas); suprimir el rol del BCE como prestamista del Gobierno y devolverle la liquidez a la RMI; armonizar las tareas de supervisión de las Superintendencias de Bancos y Compañías, y reforzar la política de apertura comercial y simplificación de trámites auspiciada por el Ministerio de Comercio Exterior. De no llevarse a cabo estos cambios, el nuevo ministro de Finanzas estará sujeto a la guerra de guerrillas que las huestes correístas y del SSXXI llevarán a cabo para provocar el fracaso de la gestión ministerial.
Casa adentro, la tarea fundamental es la de reordenar el aparato estatal a fin de que sus dimensiones estén acordes con las prácticas de buen gobierno; prácticas que no requieren de un Estado elefantiásico, sino de uno que sea servicial, eficiente y cumpla sus funciones de protección (seguridad) y ordenamiento (legislación), morigerando las impropias funciones de producción y su consecuente acumulación de activos improductivos que han terminado arruinando a la economía ecuatoriana.
Finalmente, la tarea más brava reside en el crédito público. Entre los objetivos a lograr están el obtener financiamiento de las instituciones multilaterales por alrededor de unos US$ 7.000 millones en los dos próximos años para sustentar el programa de inversiones, al tiempo que se reestructura el perfil de la deuda y sus condiciones. Se deberá reemplazar la deuda de los anticipos petroleros y conseguir financiamiento flexible del FMI, para de esa forma volver a los mercados de capital y conseguir mejores condiciones al bajar la percepción de riesgo país. Como preámbulo a todas estas tareas, el ministro deberá entablar un diálogo con la Asamblea, presentar el programa macroeconómico y obtener el levantamiento temporal del techo de 40 % por el período que fuere requerido (no superior al término de este gobierno) para encuadrar la deuda pública dentro de los límites legales y devolverle solvencia al Estado ecuatoriano.
Es tarea compleja, pero no imposible. El punto es el de cambiar las expectativas del país, cumpliendo con el mandato de los electores y empezando a reparar el desastre heredado luego de la década perdida.