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Fukushima, zona cero

Los robots enviados para encontrar combustible altamente radiactivo en los reactores nucleares de Fukushima han “muerto” y aún queda terminar una “pared de hielo” subterránea alrededor de la planta paralizada para evitar que el agua subterránea se cont

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Los robots enviados para encontrar combustible altamente radiactivo en los reactores nucleares de Fukushima han “muerto” y aún queda terminar una “pared de hielo” subterránea alrededor de la planta paralizada para evitar que el agua subterránea se contamine. Las autoridades todavía no saben cómo deshacerse del agua altamente radiactiva almacenada en un número cada vez más grande de tanques que rodean el lugar.

Hace cinco años, uno de los peores terremotos de la historia provocó un tsunami de 10 metros de altura que se estrelló en la central nuclear de Fukushima Daiichi, causando múltiples fusiones. Casi 19.000 personas murieron o desaparecieron y 160.000 perdieron sus hogares y medios de sustento con el terremoto y el tsunami.

Hoy, la radiación en la planta de Fukushima sigue siendo tan potente que ha demostrado que es imposible acceder a sus entrañas para encontrar y eliminar los amasijos extremadamente peligrosos de barras de combustible fundidas, que pesan cientos de toneladas. Cinco robots enviados a los reactores no han podido regresar.

El operador de la planta, Tokyo Electric Power Co (Tepco), ha hecho algunos avances, como la eliminación de cientos de caminos de salida de combustible gastado en un edificio dañado. Pero la tecnología necesaria para establecer la ubicación de dichas barras en los otros tres reactores de la planta no se ha desarrollado.

“Es extremadamente difícil acceder al interior de la planta nuclear”, dijo en una entrevista Naohiro Masuda, director de la clausura de la planta de Tepco. “El mayor obstáculo es la radiación”, agregó.

Las barras de combustible se fundieron a través de sus recipientes en los reactores, y nadie sabe exactamente dónde están ahora. Esta parte de la planta es tan peligrosa para los humanos que Tepco ha estado desarrollando robots, que pueden nadar bajo el agua y sortear los obstáculos en túneles y tuberías dañadas para buscar las barras de combustible fundidas.

Pero cuando se acercan a los reactores, la radiación destruye su cableado y los hace inútiles, causando largas demoras, dijo Masuda. Cada robot tiene que ser hecho a medida para cada edificio. “Se necesitan dos años para desarrollar un robot para una sola función”, agregó.

Pese al frío y la lluvia, miles de familias participaron ayer con flores y velas en el homenaje a las víctimas en distintos puntos del noreste del país, azotado por el desastre.

A las 14:46 se observó un minuto de silencio en todo Japón, en el momento preciso en que hace cinco año se produjo el sismo de magnitud 9 frente a la isla principal de Honshu.

En la región en la que se produjeron más muertos, en Sendai, los supervivientes se concentraron ante una estatua erigida en la playa de Arama, donde las gigantescas olas barrieron todo a su paso.

El emperador Akihito, la emperatriz Michiko, el primer ministro Shinzo Abe y otros participantes en la ceremonia de Tokio inclinaron sus cabezas en señal de homenaje. “Han pasado cinco años desde la catástrofe; más de 20.000 víctimas han perdido la vida”, declaró Akihito en la ceremonia, frente a un inmenso parterre de flores blancas y amarillas.

El 11 de marzo de 2011, cerca de 18.500 vidas fueron barridas por el tsunami. Otras tres mil personas murieron luego por las secuelas del drama.

“Cuando voy a las regiones afectadas tengo la impresión de que el desastre sigue presente”, comentó el primer ministro Shinzo Abe, que prometió un gobierno unido “para reconstruir un país más resistente”.

El Gobierno nipón aprobó ayer un nuevo plan para acelerar la reconstrucción de la zona con la meta de que esté concluida al 90 % en 2018.

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