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El frio veraniego aleja el fantasma de El Nino

Una brisa fría recorre en estos días, y a eso de la medianoche, la ciudad. Algo que se mantiene hasta bien entrada la mañana. Es el inicio de la etapa seca, dicen los meteorólogos.
No por nada los guayaquileños recurren a algún tipo de ropa gruesa. El reporte de las últimas horas proporcionado por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) menciona que si las noches de marzo y abril el termómetro bordeaba los 34 y 35 grados, ahora llega hasta los 19, como sucedió la madrugada del pasado lunes, en Puerto Hondo, el balneario ubicado junto al estero Salado, en la vía a la costa.
En otros sectores, la temperatura estuvo entre los 21 a 22 grados. La máxima de estos días, con 29,5 grados se presentó en los alrededores del Mercado Montebello, en la vía a Daule.
Un escenario distante a lo que pudo ser: se había anunciado que el evento océano-atmosférico El Niño afectaría el Litoral ecuatoriano a partir de noviembre pasado. Cuando aquel suceso cíclico apareció en 1982 y 1998, las precipitaciones intensas y las altas temperaturas se mantuvieron aun entre junio y julio. La reciente época lluviosa apenas fue considerada un invierno regular.
Según Raúl Mejía, del Inamhi, el promedio histórico de las lluvias en Guayaquil marca un acumulado de 1.016 milímetros. “El invierno reciente estuvo por debajo de esa marca. Aunque sí se presentaron entre febrero y marzo entre seis y cinco episodios de lluvias intensas”.
Se esperaba que las lluvias tuviesen una intensidad similar a El Niño de 1998, considerado el más fuerte del pasado siglo. Ese año en esta ciudad cayeron 6.500 milímetros.
¿Qué sucedió? Al parecer El Niño extraordinario -con esas características se lo había anunciado- se quedó en medio camino. “El país no evidenció lo que sí sucedió en el resto del planeta”, le cuenta a EXPRESO Eduardo Zambrano, que lleva 44 años estudiando el evento océano-atmosférico y quien labora para el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen).
Zambrano habla de fuertes lluvias en el noroeste de América del Sur; aridez y sequía en la selva tropical del Amazonas, malas cosechas en Haití y Cuba. Según la ONU, 14 millones de personas en el sur de África sufrieron de inseguridad alimentaria a causa de El Niño.
Raúl Mejía habla de una corriente de aire que funcionó a manera de un ‘ventilador gigante’ ubicado a la altura de la costa centro-sur de Chile. “Se lo conoce como anticiclón del Pacífico Sur, el cual envía viento de sur a norte. Esto atenuó la temperatura en la costa”.