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El festejo, en version infantil

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El frío no los frenó. La ciudad amaneció nublada pero el clima no los desmotivó ni evitó que sonrieran, que contagiaran con su alegría y espontaneidad, que recitaran y bailaran al son de las canciones tradicionales y vestidos a la usanza del Guayaquil antiguo.

La celebración de las fiestas julianas tuvo ayer su versión infantil. Miles de niños y niñas de todos los centros educativos de la ciudad participaron en desfiles, retretas, juegos antiguos y otros programas festivos, acompañados de sus orgullosos padres. Y hasta de sus tíos.

Uno de esos programas se efectuó en el sur de la urbe y contó con la participación, entre otros alumnos de centros educativos, de al menos 1.200 ‘bailarines’ de la escuela Giovanni Antonio Farina (ubicada en el Cristo de Consuelo).

Fue un pregón cívico ecológico organizado en conjunto con el movimiento Guayaquil Sustentable, como parte de las celebraciones julianas.

En la calle y a vista de los vecinos, quienes -aún con el desayuno en mano y simulando hacer una corte de honor a los chicos- se situaron en las veredas para fotografiarlos, grabarlos y hasta para danzar con ellos.

Canciones tradicionales como ‘Guayaquil de mis amores’, ‘Guayaquileño, Madera de Guerrero’, ‘Nuestro juramento’, y ‘Guayaquil, Pórtico de Oro’; fueron interpretadas por el grupo Tachonando, que tiene el patrocinio del Consorcio Puerto Limpio y es una banda que hace percusión con instrumentos reciclados: tapas, tachos, tanques, escobas y metales.

Su participación llenó de entusiasmo a los estudiantes. En especial a los más pequeños.

Thalía Sarmiento, una nena de 6 años que desfiló con su traje ecológico hecho a base de cáscaras y cubetas de huevo, quedó fascinada con los ‘aparatos’. “Me gustan mucho, quiero tocarlos”, le decía a su profesora, mientras los miembros de la banda se limitaban a sonreírle y ‘tamborilear’.

Otras niñas, ya más grandes, de tercero de básico, desfilaron al estilo de un carnaval. Resguardadas por carros alegóricos y en medio de personajes urbanos (como Juan Pueblo) y compañeros, demostraron su amor por la ciudad a través de cantos y presentaciones artísticas con globos, banderas y hula hula de gimnasia rítmica.

La declamación y la dramatización de escenas de la vida diaria de los guayaquileños fueron parte de la programación.

“Guayaquil es una ciudad hermosa”, dijo Kerly Arias, de 14 años. “Tenemos historia, cultura, sitios para jugar... Escuelas que nos hacen felices y eventos como estos que nos permiten rendirle honor al rincón más bonito del Ecuador”, acotó.

En otras zonas, como en el Instituto Particular Abdón Calderón (IPAC) y los colegios SEK, Delfos, Luis Bonini, República Simón Bolívar, entre otros, festejaron con muestras fotográficas, exposiciones, concursos de amorfinos y hasta con degustaciones gastronómicas.

En la escuela Luis Bonilla, del sector San Eduardo, por ejemplo, María Rosado vigiló cada detalle del vestido de su niña, un tradicional atuendo celeste y blanco con el que participó de una verbena. “Qué lindos que se ven los niños con sus trajes”, expresó.

Pero para los padres, abuelos y tíos el ritual no terminó allí, sino que incluyó la fotografía con algún teléfono celular o tableta, del pequeño artista; imagen que luego, con gracia y amor, fue difundida en las redes sociales.

Al término de los programas, la mayoría de las estrellas fue premiada con algún paseo o golosina, razón por la que las calles de la ciudad se llenó de ‘Juan Pueblos’ y guayaquileñas bonitas, en versión infantil.

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