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Diario Expreso Ecuador

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La fatuidad de la excanciller

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Las pruebas más contundentes contra María Fernanda Espinosa las aportó el propio canciller José Valencia. En su reciente comparecencia ante el Pleno de la Asamblea, él expuso la larga lista de irregularidades cometidas durante el proceso de nacionalización de Julian Assange, cuando ella dirigía la política exterior ecuatoriana: una calificación de cien puntos sobre cien en el examen general otorgada a una persona que ni habla español ni conoce el país; una cédula de identidad con datos falsos; una serie de documentos forjados de entre los cuales el canciller extrajo una firma falsificada del beneficiario que expuso a toda pantalla ante los asambleístas... Lo suficiente para declarar la nulidad del proceso y revertir sus efectos: una decisión de Estado que los representantes del partido de gobierno ahí presentes no dudaron en calificar de “soberana”.

Sin embargo, a medida que se acerca el juicio político planteado contra Espinosa hace casi un año, ese mismo partido de gobierno cierra filas en defensa de la exministra, exige a la Asamblea detener el proceso de fiscalización y afirma (es inaudito) que no hay “pruebas ni argumentos más allá de los que surgen del odio”. ¿El odio de su propio canciller, quieren decir? ¿O sea que todo está bien con la nacionalización de Assange y el que delira aquí es Valencia?

Sería incomprensible si no fuera porque el propio Lenín Moreno fijó los antecedentes: él ya había empezado a hablar de “crisis humanitaria” para referirse a la situación de Venezuela; ya había empezado a lamentarse por la represión en Nicaragua cuando su canciller de aquel entonces visitaba y respaldaba a esos dictadores. Y para él no había lío. Que nadie se extrañe si su partido actúa hoy como un esquizofrénico.

Para censurar a María Fernanda Espinosa bastaría con los documentos desclasificados en octubre pasado. En ellos se observa cómo la canciller intentó pasar gato por liebre a los británicos (que nacieron ayer, como todo el mundo sabe), presentando a Assange como consejero político de la embajada ecuatoriana en Londres. Vivísima ella. Cuando se goza del respaldo incondicional del presidente no se le teme al ridículo. Y cuando la agenda personal prevalece sobre la pública a nadie le importa el ridículo en el que pueda caer el país de uno.

En función de su agenda personal, la entonces canciller decidió dedicarse a su campaña para presidir la Asamblea de la ONU en el preciso momento en que la crisis de la frontera norte (con la vida de tres periodistas ecuatorianos en juego) demandaba su máxima atención. Será interesante, en el juicio político, verla responder sobre este tema, del que ignora todo. Y esa es otra razón que bastaría para censurarla.

¿Qué beneficios reporta para el país el hecho de que María Fernanda Espinosa presida la Asamblea de las Naciones Unidas? Ninguno. Al contrario: da grima verla respaldar a Días Canel y otros sátrapas por el orden. Sin embargo, los contribuyentes ecuatorianos financian su nivel de vida en Manhattan: su sueldo de 12 mil dólares; su departamento de 17 mil mensuales; sus asistentes de 240 mil anuales... Todo porque Lenín Moreno le debe favores. Es inmoral. ¿Hasta cuándo el presidente va a confundir la fidelidad a sus amigos con sus obligaciones de Estado? ¿Hasta cuándo va a arrastrar a su partido en semejante insensatez? ¿No le da vergüenza?

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