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El fantasma de la ruina vuelve a la antigua Casona

Veinte años después de su renovación, el edificio patrimonial y emblema de la Universidad necesita otra intervención. Tres salones permanecen cerrados.

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Miércoles, mediodía. En las calles Chile y Chiriboga el ruido es permanente. Con la bahía ahí al pie, en la acera de enfrente, el claxon de los vehículos y los gritos de los vendedores informales nunca cesan. La excepción, ahora, es la Casona Universitaria, uno de los edificios más antiguos de la ciudad.

Antes, niños y adolescentes entraban a tropel, haciendo crujir los antiguos pisos de madera, corriendo de arriba hacia abajo por las escaleras de elegantes enchapados dorados mientras se dirigían a sus clases. Pero hoy la Casona está en silencio.

Tras el terremoto de abril de 2016, la enorme casa, construida a inicios del siglo XX, se convirtió en un fantasma, una lejana aparecida de otros tiempos, cuyo portón principal permanece firmemente cerrado. Ahora solo se puede entrar por la parte trasera y solo para asuntos oficiales. Es que, por dentro, la Casona se despedaza.

Agujeros, fisuras, placas de yeso caídas, material suelto y postes de hierro flojos son algunos de los daños que impactan al ingresar al edificio.

El museo y tres salones están cerrados: el salón Amarillo, el salón Azul y el paraninfo.

Este último, que sirve como auditorio, es una de las áreas más afectadas y también una de las más emblemáticas, pues ahí, a más de su imponente estructura, se encuentran obras de arte que datan de 1910.

No es la primera vez que pasa. Veinte años antes, a mediados de los noventa, el inmueble también se sometió a una reconstrucción total que tardó varios años y que fue vital para detener su completo deterioro.

Ahora, la casa regresa al primer cuadrante del tablero. Esto, dice el arquitecto y experto en restauración Franklin Medina, quien lidera la recuperación, no se debe solo a la fuerza del sismo, sino también al mantenimiento desigual que durante años recibió el edificio.

“Las estructuras patrimoniales necesitan cuidados especiales, y esto es algo que, en la ciudad, se hace de manera desigual. Eso, sumado a elementos como el tiempo y la fuerza del terremoto han provocado la situación actual”, señala.

La Universidad de Guayaquil, a su vez, reconoce que la reparación de la Casona es una deuda pendiente. Así lo indica Carlos Xavier Torres, gerente administrativo subrogante.

“Reconocemos que este es un pendiente... Es un bien que está asegurado y estamos en proceso de ingresar los documentos al seguro para poder, con el monto que recibamos, iniciar los trabajos”.

La Universidad de Guayaquil nació en la Casona Universitaria. Allí estuvieron sus primeras aulas y estudiantes. Y tras la renovación, volvió a acoger las ceremonias oficiales.

A futuro, la institución planea transformar el edificio en un centro cultural que también acoja eventos científicos y académicos. Primero, claro, debe alejar el fantasma de la ruina.

Restauración

Los cuadros entrarán al quirófano

Algunos de los bienes más valiosos de la Casona son sus lienzos. En el paraninfo hay retratos de próceres que datan de 1910 y un mural de Oswaldo Guayasamín de los años cincuenta. Al respecto, el crítico de arte Juan Castro y Velasco destaca la importancia de una restauración adecuada. “Hace veinte años las obras fueron intervenidas, pero también se reemplazaron murales clásicos por otras obras más... coloquiales. Esto no debe suceder”, señaló.

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