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Exito de Rusia en Medio Oriente

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Tras años al margen, Rusia ha vuelto al centro del juego geoestratégico en Oriente Próximo, con el trasfondo de la equívoca política de EE.UU, la calculada intervención rusa en la guerra civil de Siria -caso excepcional en que el uso limitado del poder en la región ha causado una importante reestructuración en el ámbito diplomático. Según el presidente Obama poco o nada puede hacer EE. UU. para estabilizar Oriente Próximo. Incluso afirmó estar orgulloso de no haber tomado medidas cuando el presidente Bashar al Asad traspasó la “línea roja” que él mismo planteó en 2012 sobre el uso de armas químicas, ya que ni las leyes internacionales ni el Congreso estadounidense habrían sancionado la intervención. Recalcó que con ayuda de los rusos, esa decisión permitió llegar a un acuerdo para eliminar la mayor parte del arsenal químico de Siria. Pero esa decisión puede haber hecho que Oriente Próximo “se escurriera del alcance estadounidense”. De hecho, se han perdido importantes recursos estratégicos de la región, que han pasado a quedar dominados por potencias hostiles, como Rusia o Estado islámico. Un motivo clave de su reticencia es el temor a repetir los errores que enmarañaron a EE. UU. en Afganistán e Irak, en lo que Obama calificó como una “precipitada deriva del Gobierno estadounidense hacia la guerra en los países musulmanes” . Putin acaba de demostrar que la operación siria de Rusia puede ayudar a que se produzca un acuerdo político. Al rechazar verse arrastrado a una larga y costosa guerra que permitiría que Asad recuperara la mayor parte del territorio sirio, Putin ha creado un punto muerto que obliga al régimen y a la oposición a participar con seriedad en las conversaciones de paz de Ginebra. ¿Qué tipo de acuerdo político sería? Una opción, impulsada por Rusia, sería un sistema federal que podría basarse en divisiones territoriales que los rusos han dejado atrás. Los alauitas de Asad controlarían los territorios al oeste, desde Latakia en el norte, a Damasco por el sur, y al noroeste se podría crear una región autónoma sirio-kurda; el resto del país podría pasar a estar gobernado por la oposición sunni. Sin embargo, no estamos cerca de la paz. Irán y Arabia Saudita, que tienen en terreno organizaciones que los apoyan y representan, siguen enfrentados sobre cómo solucionar el conflicto; Turquía está en su propia guerra contra los kurdos y la oposición suní sigue sin querer ceder. Si Asad intentara recuperar Aleppo, los rebeldes suníes romperían el cese al fuego y descalabrarían todo el proceso político. Mas, incluso sin un acuerdo político, son notables los logros estratégicos de Putin. Para Israel, la ofensiva militar de Rusia fue una bendición porque impedirá que el eje de Irán, Hizbulá y Asad dicten el resultado de este conflicto. Los israelíes esperan ahora que Putin colabore para mantener a las fuerzas iraníes alejadas de su frontera en los Altos del Golán y ayudar a que regresen al área los observadores de las NN. UU. El inteligente uso de su poder militar para lograr objetivos específicos y alcanzables en Siria ha convertido a Rusia en un punto de referencia para los principales actores de la región.

Project Syndicate

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