Actualidad
Y que se esperaba
Con algo de estupor y extrañeza se comentaron y analizaron hace pocos días en la prensa, los resultados de la prueba Ser Bachiller y su revelación del estado en que se encuentra el proceso de enseñanza-aprendizaje en nuestra ciudad, sobre todo al observar el porcentaje de estudiantes que se encuentran en el más bajo quintil de la evaluación.
En declaraciones hechas a los medios por el viceministro de Educación, se menciona que los resultados insuficientes fueron: “en los particulares 15,7 %, en los fiscomisionales el 28 %, en los fiscales el 36,1 % y en los municipales el 40,6 %”. De conformidad en lo expresado, tendríamos que decir que casi el 84 % del estudiantado insuficiente viene desde el espectro de la educación pública, lo que resaltamos no para satanizarla sino más bien para tratar de intentar buscar una explicación de los resultados. El acto de aprender es un acto de la voluntad y sin duda reclama para ejercerse de un ambiente amable.
No solo hablamos de infraestructura, hablamos de entorno escolar, ambiente afectivo, emocional, que es de donde realmente emergen los problemas ¿Cómo puede un estudiante aprender en un ambiente en que la pandilla, la violencia, las adicciones y el acoso son el pan nuestro de cada día? ¿Cómo puede un educador enseñar cuando el temor, el miedo a ser agredido o faltado al respeto, se vuelven una posibilidad cierta y real a cada paso? ¿Cómo se puede enseñar sin la existencia de un marco disciplinario en el que el educador se sienta suficientemente respaldado por los mandos medios y autoridades superiores?
El joven que triunfa en la educación pública, que sí existe, es sin duda un valiente que merece todo el reconocimiento del mundo, pues tiene la capacidad de empinarse por encima de todas estas dificultades que menguan la voluntad y el deseo de estudiar. No nos extrañemos de los resultados y más bien como sociedad, preocupémonos y trabajemos para que cambie el ambiente escolar de nuestra educación pública.
No hay sorpresas, pero sí retos para que diseñemos entidades educativas manejables, pequeñas, capaces de supervisarse y proyectarse con éxito.