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La encrucijada del fiscal
La trama tiene cara. El episodio ecuatoriano de los Papeles de Panamá empuja al fiscal general Galo Chiriboga al debate sobre su rol después de ser salpicado por las publicaciones periodísticas.

La trama tiene cara. El episodio ecuatoriano de los Papeles de Panamá empuja al fiscal general Galo Chiriboga al debate sobre su rol después de ser salpicado por las publicaciones periodísticas.
La Academia lleva en esta discusión la delantera sobre la política, que permanece cauta.
La mayoría de expertos consultados por EXPRESO coinciden en que, de momento, no existen obligaciones político-jurídicas para despojar a Chiriboga de su rango de ministro fiscal. Pero, en el plano ético, los matices de los juristas apuntan a la separación, aunque varían desde un paso al costado en la investigación hasta la renuncia.
“Si a él (Chiriboga) le interesa el buen nombre de la Fiscalía y el suyo propio, debe dejar a otra persona encargada de la investigación”, asegura el exmagistrado supremo Juan Carlos Benalcázar. La clave, dice, está en delegar el mando a un tercero que pueda dar a la investigación la credibilidad que requiere. “Eso haría yo. Si no, ¿quién va a creer en los resultados?”, cuestiona.
Ese “paso al costado” al que también se refiere el catedrático Francisco de Fran, vocero de la facultad de Derecho de la Universidad Ecotec, es vital “incluso para limpiar el nombre del fiscal”, pero considera que debería recaer entonces “en la fiscal subrogante (Cecilia Armas) para que esta continúe la investigación”.
Esas soluciones, sin embargo, no satisfacen del todo a la mayoría de los consultados que, fuera de grabadora, se mostraron exigentes. Estos, como el exmagistrado del Supremo y de la Constitucional Mauro Terán, consideran que “debe renunciar”. De no hacerlo, aunque sea delegando a un tercero “no va a haber independencia en la investigación porque son sus subalternos”, argumenta el también catedrático e incluye en la lista de “renuncias inmediatas” a los colaboradores cercanos al fiscal, como su subrogante.
A juicio de Terán, permitir que Chiriboga lidere, desde la Fiscalía, la investigación sobre una causa que puede terminar incluyendo su nombre en la lista de sospechosos sería “como dejar encargado a Drácula de cuidar el Banco de Sangre”.
Pese a las lecturas independientes, la política ha decidido apostar por la cautela. Consultados por este Diario, los bloques políticos con representación parlamentaria como Avanza y PSC consideran necesaria la no intervención de Chiriboga en las secuelas de los Papeles de Panamá, pero de momento descartan la petición aun en solitario de Pachakutik y Andrés Páez (CREO) sobre una renuncia “indiscutible”.
Las declaraciones políticas con pinzas han terminado en comuniones discursivas de personajes generalmente disonantes. Desde los asambleístas de la Comisión de Justicia Gabriel Rivera (PAIS) y Luis Fernando Torres (PSC) hasta el mismísimo líder de CREO Guillermo Lasso han ensayado, por separado, la misma respuesta, al mostrarse de acuerdo en “no adelantar criterios” sobre la necesidad o no de que Chiriboga, quien desde 2011 ha sabido surfear con equilibrio sobre maremotos jurídicos nacionales, limpie su nombre desde fuera.