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Un ejemplar de barrio
Sin muchas ínfulas pero con mucha implicación, Los Ceibos se ha convertido en un barrio ejemplar. Es una zona residencial de las que conservan o han recuperado todas esas cosas que en los países occidentales hacen de un barrio un espacio para tener una vida y no solo para residir. Hay árboles. Grandes, frondosos, entre las casas, dentro de las ciudadelas, en plena calle. Dan sombra y alegran la vista gris del resto de la ciudad. Hay tiendas. De las de primera necesidad, pero también de las que animan a perder el tiempo. Hay lugares de comida. De los que agradan por lo que se come, pero sobre todo, porque son nichos de convivencia. Ceibos es de los pocos lugares de Guayaquil que apuesta por sus vecinos y eso, consecuentemente, ha repercutido para bien en su plusvalía, sin necesidad de inflar el valor residencial artificialmente con una invasión de ciudadelas desparejadas de los servicios mínimos para una existencia agradable, como ocurre en otras zonas de gran expansión. Obviamente, no está libre de problemas e inconvenientes. Hay tráfico, hay denuncias de inseguridad. Pero en Ceibos se respira una ambiente de comunidad que se ha perdido en otros sectores guayaquileños. Y si es así, no es por decreto municipal, sino por voluntad vecinal.